JURASSIC PARK 3: LAS CINCO MUERTES


 


PARQUE JURÁSICO 3
Las cinco muertes

Fanfic de Randy Ravest











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PALABRAS DEL AUTOR.

Sé que muchos la odian y otros no tanto, seamos sinceros, no es la mejor trama de la saga. Yo personalmente, amo Parque Jurásico 3, desde que me topé con la portada de la película, hasta que la vi con mi padre en el cine. Fue una de las mejores experiencias de mi infancia y algo que me marcó de por vida, un referente cinematográfico para mí. Amo su fotografía, su paleta de colores, su banda sonora, el reparto, los escenarios, la utilería, el ritmo, los dinosaurios, todo en general, salvo el guión que pudo ser mucho mejor, por esa misma razón, intentaré cumplir el sueño de muchos fans, he aquí mi propia versión de Parque Jurásico 3.

Con cariño, de su amigo escritor, Randy Ravest.



Prólogo.

¿Por qué el incidente de San Diego limpió la reputación de Ian Malcolm? Para eso, debemos volver al principio.

Tras el incidente en el Parque, muy mal herido, el doctor Ian Malcolm fue visitado en el hospital de Costa Rica por Sarah Harding, una paleobióloga e hija de Gerry Harding, el jefe de veterinarios de Jurassic Park. Ian le contó todo lo ocurrido, pasando por alto el contrato de confidencialidad firmado con InGen. Una amistad nació entre ellos y con el tiempo una relación romántica. Se domiciliaron en Austin, Texas. Antes de visitar el Parque Jurásico, Ian tuvo un matrimonio, del cual nació Kelly y se divorció, quedándose con la niña.

Ya en 1995, harto de guardar el secreto del incidente en el parque y sin medir las consecuencias, Malcolm divulgó públicamente su experiencia en un programa de televisión famoso, visto por millones de personas. En un principio, solo los entusiastas de las teorías conspirativas le apoyaron y el resto del público lo consideró un fraude. El representante legal de InGen, Peter Ludlow, le difamó en dos periódicos importantes, afirmando que Malcolm había recibido sobornos para "Venderles cuentos locos a la prensa", Ludlow sabía que Malcolm decía la verdad, pero su propósito y compromiso eran proteger a InGen de una investigación policial, Hammond no intervino y el gobierno de Costa Rica negó la existencia de dinosaurios, animales que nunca vieron en realidad. La Universidad de Austin retiró a Malcolm de su cargo y le despidieron, sin empleo, solo tenía a Sarah y a Kelly que siempre le creyeron. Aún así, su relación con Sarah no era de las mil maravillas, en cierta ocasión, Malcolm le dejó plantada junto a sus padres, los padres de Ian, en una cena familiar. En el 97, Malcolm se quedó con una asignación temporal en Berkeley, San Francisco, California... y Sarah se mudó temporalmente al 2625 2nd Avenue, apartamento n.° 111, en la ciudad de Nueva York.

Habiendo comprendido el inmenso daño a la reputación del doctor Ian Malcolm, tras divulgar lo sucedido en Parque Jurásico y cómo el mundo le veía hasta ese entonces, llegamos a San Diego, California, 1997.

¿Quién en todo su sano juicio podría haberlo imaginado alguna vez? Ninguna película de ciencia ficción ni terror podría siquiera rozar una idea tan demencial y desquiciada... cuando el hombre cree que lo ha visto todo, que lo ha conseguido todo, cuando está tan seguro de conocer los límites entre lo posible y lo imposible, la realidad supera a la ficción y te da una patada tan fuerte en el rostro, que olvidas si estás despierto o en medio de una terrible pesadilla... un bramido retumbó en las calles y sembró el terror en los corazones de los habitantes de San Diego... la madrugada más larga, tormentosa y eterna de la historia... hubo varios muertos, personas heridas, muchas en estado de shock, en pánico y confusión, también daños en infraestructura pública y privada... ¿qué mente tan perversa estuvo detrás de toda esta inmensa tragedia? ¿Fue un accidente? Una cosa era muy segura: los dinosaurios sí existen, son reales, de carne y hueso, ya es una verdad axiomática e irrefutable, Malcolm tenía razón... y como él dijo en cierta ocasión al doctor Grant en una noche lluviosa "Cómo odio tener razón siempre". Allí estaban los saurios... respirando, comiendo, caminando y matando sin ningún reparo... cohabitando con el ser humano y enrostrándole lo vulnerable e insignificante que es. A pesar de todo esto, San Diego fue rescatada de una tragedia peor, las autoridades y la prensa fijaron su atención en una particular pareja, aquella que cruzaba las calles en un Pontiac GTO rojo descapotable. Cuando Ian, Sarah, Kelly y Nick bajaron del helicóptero de InGen en San Diego, la pareja le encargó la niña a Nick, quien permaneció en el helipuerto de InGen, mientras Ian y Sarah robaron el auto con destino al puerto donde atracaría el SS Venture. El Pontiac fue robado claro está, pero a esas alturas, era lo menos importante.

Los periodistas comentaban una y otra vez ¿no era ese científico chiflado? ¿El cojo raro vestido de negro que salía en la televisión hablando de monstruos en una isla? ¿El antiguo hazmerreír de los medios? Sí, era él... el matemático, el sabio, el intelectual, el carismático, el parlanchín, el egocéntrico y mujeriego entallado en negro... el maldito y sabelotodo Ian Malcolm... y su mujer, la doctora, la vanguardista, la aventurera, la exploradora, la musa de cabellos rojos y de carácter independiente... la legendaria Sarah Harding.

Los medios de comunicación se volvieron locos, perseguían y acosaban a dicha familia en busca de respuestas, ahora resultaba que Malcolm se había reivindicado y todos lo adoraban como un referente, su rostro estaba en todas las portadas de los periódicos "Científico salva a San Diego de una terrible catástrofe". Una lista de 50 periódicos y canales de televisión exigían una entrevista con Ian Malcolm, ofrecían miles y hasta millones de dólares por ella. Malcolm le juró a Sarah que con el dinero recaudado por las entrevistas, se mudarían a una casa en el campo.

Por otro lado, John Hammond temía que otros siguieran el ejemplo de su sobrino, el señor Ludlow y se animaran a visitar isla Sorna para capturar más animales y exhibirlos en zoológicos... insistía en que isla Sorna debía ser declara una zona restringida al público, como una especie de santuario para los dinosaurios.

Para eso, llamó a Sarah Harding y a Nick Van Owen para felicitarlos y les pidió fundar el grupo "Dinosaur Protection Group" o "Grupo de Protección para los Dinosaurios", junto a una partida de ecologistas y miembros del Green Peace, entre ellos... Sarah y Nick estuvieron de acuerdo, no así Malcolm, quien discrepó profundamente con ellos y Hammond, poniendo un final definitivo a la relación matrimonial... y viéndose las caras en una reunión del Consejo Medio Ambiental en la sala del congreso en Estados Unidos.

Por una parte, John Hammond, Nick Van Owen, Sarah Harding y los representantes del Green Peace, exigían una ley, la "Ley de Guardia Genética", para decretar el final de la clonación y experimentos con dinosaurios y que el gobiernode Costa Rica declarara a las islas Nublar y Sorna como zonas restringidas y prohibidas al público... por otra parte, el doctor Ian Malcolm, muy inconforme con esto, demandaba que ambas islas debían ser bombardeadas y los dinosaurios eliminados por completo, ya que, aunque no se les clonara, podían seguir reproduciéndose y llegar a tierra firme... y repetir los lamentables acontecimientos con los compis sueltos en Costa Rica y el tiranosaurus de San Diego.

El congreso deliveró... y rechazó una incursión militar y bombardeos a las islas, para no arriesgar las buenas relaciones con el gobierno de Costa Rica, en cambio, acogieron el proyecto de ley de Guardia Genética y la declaración de ambas islas como zonas restringidas. En consecuencia, InGen divulgó una lista de especies que vivían en las islas. En Sorna, la lista era la siguiente:


TECNOLOGÍAS GENÉTICAS INTERNACIONALES. CATÁLOGO DE BIENES: 7 DE DICIEMBRE DE 1996.


INFORMACIÓN DE DINOSAURIO.


PROPIEDAD DE TECNOLOGÍAS GENÉTICAS INTERNACIONALES ESTÁ ESTRICTAMENTE PROHIBIDA LA COPIA Y LA REDISTRIBUCIÓN DE ESTE MATERAL COPYRIGHTINGEN.TECH SAN DIEGO, CA 1995.


FIRMADO POR: J. Hammond.


CONTENIDO:


1.1- DINOSAURIOS ACTIVOS [NUBLAR].

1.2- DINOSAURIOS ACTIVOS [SORNA].

1.3- PERFILES DE ESPECIES.


2.1- DINOSAURIOS INACTIVOS.

3.1- TERRITORIOS ESTABLECIDOS.

4.1- SITIOS DE EXCAVACIÓN/REGISTRO DE MUESTRA.

4.2-MINAS DE ÁMBAR/REGISTROS DE MUESTRA.



DINOSAURIOS ACTIVOS [SORNA]


Población. Estimación anterior: PE poblada. estimación NDING de 1993. ACTUALIZACIÓN informe 1997 Desde el abandono de las instalaciones del Sitio B, la población del recuento de dinosaurios está PENDIENTE.


HERBÍVOROS.


●Braquiosaurio: recuento de población anterior: 10. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Mamenchisaurio: recuento de población anterior: 4. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Edmontosaurio: recuento de población anterior: 4. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Parasaurolophus: recuento de población anterior: 13. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Triceratops: recuento de población anterior: 10. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Mieroceratus: recuento de población anterior: 22. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Estegosaurio: recuento de población anterior: 11. Rcuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].


CARNÍVOROS.


●Tiranosaurus Rex: recuento de población anterior 6. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Velociraptor: recuento de población anterior: 18. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Carnotaurus: recuento de población anterior: 2. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Bariónix: recuento de población anterior: 5. Recuento de población actual: DESCONOCIDO notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Dilofosaurio recuento de población anterior: 12. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Gallimimus: recuento de población anterior: 30. Recuento de población actual: DESCONOCIDO notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Procompsognatus: recuento de población anterior: 43. Recuento de población actual: DESCONOCIDO. Notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].

●Pteranodon: recuento de población anterior: 10. Recuento de población actual: DESCONOCIDO notas: [ACTUALIZACIÓN PENDIENTE].



Capítulo 1.

Grant y Satler: ¿se acabó el amor?


Se comprende que para ese entonces, el doctor Alan Grant ya había superado su aversión por los niños, Lex y Tim fueron sus terapeutas por decirlo de alguna forma. Ellie siempre albergó la remota esperanza de que Alan llegase a ser un buen padre... y de hecho, tenía el potencial para serlo, esa no fue la razón de su separación. Si es que nos es posible identificar las razones, podríamos enumerarlas en dos.

Primero, la tragedia en la isla Nublar tuvo profundas repercusiones en los sobrevivientes, es cierto que InGen compró su silencio, sin embargo ¿quién sanaría las múltiples pesadillas y traumas de las víctimas? Este fue el caso de la doctora Ellie Sattler. Fueron años de terapia con psicólogos, psiquiatras y neurólogos, para intentar borrar esas imágenes y sonidos, ser atacado por un dinosaurio en una central subterránea de pasillos estrechos estando completamente sola, no es una experiencia muy agradable, ni mucho menos.

Naturalmente, la doctora Ellie Sattler luchó con todas sus fuerzas por alejarse de todo lo que tuviera que ver con Parque Jurásico y dinosaurios... ella quería dar vuelta la página y comenzar de nuevo; casarse, formar una familia, tener en brazos a un bebé y besar a un esposo que llega del trabajo cansado, cosas que hace todo el mundo en una vida común y corriente. Y por otro lado, estaba Alan y aquí pasamos al otro punto.

Segundo, toda esta vida corriente estaba muy alejada de la perspectiva del doctor Grant. Como bien dijo Juanito, el paleontólogo que atendió a Donald Genaro y quien buscaba ámbar en una caverna: "Alan es un excavador". Y sí, es verdad, Grant amaba esa vida al aire libre, en lugares inhóspitos, llenos de tierra y suciedad, desenterrando fósiles y bebiendo latas de cerveza. Aunque la Paleontología es un poco más rentable en Estados Unidos, cosa diferente en muchos otros países, el incidente de San Diego dio un vuelco en todo esto, sacudió y desplazó a esta ciencia a un punto en que fue considerada absolutamente innecesaria. "¿A quién le importa gastar buscando rocas, si hay una isla llena de dinosaurios vivos?" Solían repetir algunos periodistas, claramente esa frase retumbaba en la mente del doctor Grant, era una amenaza para él y su futuro... y es así como los fondos para sus excavaciones menguaron poco a poco... presionándolo a pedir dinero en universidades durante sus charlas de divulgación. Sí, es cierto que pudo ganar dinero hablando sobre Parque Jurásico, pero la cláusula en el contrato de silencio firmado con InGen seguía vigente... y su entidad legal también, por ende, si InGen quería aplicar sanciones económicas a quienes incumplían el contrato, podía hacerlo sin ningún problema, InGen estaba al borde de la quiebra y sus nuevos ejecutivos necesitaban rescatar a la compañía biotecnológica del desastre en el que estaba, por ende, cualquier dinero sería útil para pagar todas las indemnizaciones a las víctimas de San Diego. Alan lo sabía muy bien, por esa razón, siempre eludía el tema, es más, ya había recibido una demanda de InGen y una sanción económica por su libro sobre los sucesos ocurridos en Parque Jurásico... sus ingresos no eran los suficientes para mantener a una familia... y sí, Alan y Ellie hablaron de estos temas muchas veces, así que, aunque a algunos les sorprenda, pusieron fin a su relación de diez años de manera pacífica y siguieron con sus vidas por separado, Ellie formó una familia y Alan siguió buscando fósiles... quedaron así, pero sin perder el contacto claro está, como buenos amigos.


Capítulo 2.

El parapente de "Dino soar".


Esa mañana de mayo de 2001, en una playa de Costa Rica, Ben Heildebrand jugaba al Frisbee con el pequeño Eric Kirby de unos 12 años, Amanda los filmaba con su cámara, hacía años se había divorciado de Paul, el padre de Eric. Tal parece, a Amanda, de 35 años, le gustaban los hombres mayores, pero a pesar de tener 50 años, Ben era un hombre muy enérgico y activo para su edad, le encantaban los deportes, al igual que Amanda... y a diferencia de Paul, Ben era muy carismático, risueño y juguetón, por lo menos Eric se llevaba muy bien con él. Por otra parte, Paul vivía encerrado en su ferretería de Enid, Oklahoma, "Pinturas Kirby" y no le gustaban los deportes, ni siquera sabía nadar.

Eric siempre fue un entusiasta de los dinosaurios, él ya había leído muchos libros sobre dinosaurios, el del doctor Grant era su favorito, el primero, antes de que fuera a la isla, ya que el sistema de anidación de los Maiasaurus era mucho más prometedor que una historia de muertes. Nunca dejaba de hablar del tema... y a Ben se le ocurrió la brillante idea de navegar muy cerca de la isla Sorna, demás está decir que, aunque Amanda era amante del peligro, desaprobó por completo esta idea. Así que, esa misma mañana, después de jugar al frisbee, Ben y Eric salieron a dar una vuelta, con la excusa de que irían a pasear en lancha... no obstante, lo que Amanda desconocía, era que Ben planeaba contratar a un lanchero para que le remolcara en parapente y así concretar la descabellada travesía.

—¿Sabes dónde está?—preguntó Ben al lanchero de camisa celeste.

—Amigo... todo el mundo sabe dónde está, es una zona restringida, nadie puede pasar por ahí, siempre hay aviones patrullando. La gente que se acerca, nunca vuelve, eso dice la leyenda de las cinco muertes—respondió el pescador costarricense con un buen inglés. Ben Heildebrand levantó el estuche de la cámara y al abrirlo, le mostró un fajo de billetes de manera disimulada, los ojos del pescador se desviaron levemente hacia él...

—Suba—soltó el local y Ben y Eric subieron a la lancha, el jovencito sonreía nervioso a Ben mientras se alejaban de la costa.

Flotando en las aguas celestes, el pescador llamado Carlos y su ayudante, Santiago, observaban los cielos con sus binoculares. Una avioneta blanca pasó y prosiguieron.

Carlos le entregó el arnés a Ben y este se lo colocó y ató el segundo con el suyo, el que usaría Eric, Carlos enganchó la cuerda al arnés.

—¡Acércate lo que más puedas a la isla, te daré una buena propina si me das un buen servicio!—gritó Ben.

—¡Me acercaré lo que más pueda! Pero no será mucho, no querrás que te coman—respondió Carlos.

Ben contó hasta tres, jaló del seguro y se elevaron por el cielo, Eric gritaba emocionado.

Ya en el aire, Ben sacó la cámara filmadora...

—¿Ves algo?—preguntó el pequeño Eric.

—No, nada todavía—dijo Ben mirando la pantallita lateral.

Fue aquí donde las cosas se complicaron... Carlos vio una gruesa neblina que cubría un arrecife y ruidos fuertes de impactos semejantes a olas que chocaban, pero ¿eran olas? El nivel del agua era muy bajo en esa parte y tuvo miedo de que encayaran, por eso le ordenó a Santiago virar a la derecha para esquivar una gran roca. La lancha daba saltos y tumbos sin parar... Carlos tenía un mal presentimiento y solo quería salir de allí, recordaba una y otra vez la leyenda de las cinco muertes y los pescadores que nunca volvieron... hasta que de improviso una cosa salió del agua... era como un cocodrilo parado en dos patas sobre las rocas del arrecife y lucía una gran aleta en el lomo, el monstruo estiró sus dos patas delanteras y atrapó a la lancha enganchándo las garras en el techo, el golpe fue tan fuerte y seco, que Santiago salió disparado hacia adelante y resbaló por la proa y antes de saltar al agua, el reptil capturó a Carlos con sus fauces, manchando toda la cubierta con su sangre.

Ben y Eric solo sintieron los terribles tirones desde arriba y no pudieron distinguir nada a través de la neblina... más allá de la lancha ensangrentada, que seguía su trayecto, había otro arrecife.

—¡Vamos a chocar!—gritó Eric.

—¡Cortaré la cuerda! ¡Quita las manos!—dijo Ben conteniendo el terror, con la sangre fría que se necesita en esas situaciones y desenganchó la cuerda antes de que la lancha se estrellara.

Ben desvió el parapente hacia la derecha, hacia la isla... era la única alternativa. Los árboles pequeños se hicieron cada vez más grandes... e impactaron con uno... Ben se llevo la peor parte, porque una rama le atravesó la pierna a la altura del muslo, hiriendo su arteria femoral... quedaron suspendidos en el aire... a unos dos metros del suelo.

—Voy a soltarte—anunció Ben y Eric cayó sobre unas plantas—¿Estás bien?—preguntó enseguida.

—Sí, la cámara está encendida—dijo Eric y la apagó—¿puedes soltarte?—preguntó Eric con su mirada inocente. Hasta que un diminuto ser hizo acto de presencia, parecía un lagarto, Eric tomó distancia.

—Ah jaja tranquilo, ese enano no te hará nada—bromeó Ben, entonces apareció otro igual a ese... y otro más y otro más, les rodearon.

—Ben tengo miedo—dijo en voz baja el joven Eric, cuando una de las lagartijas le mordió.

—¡Corre Eric!—gritó Ben y Eric corrió con todas sus fuerzas hacia la selva y unos pocos compis fueron tras él, mientras que el resto de Procompsognatus escalaron el árbol y bajaron por la vela del parapente hasta Ben... y atacaron al desdichado moribundo, que bajo los efectos anestésicos de las mordidas, dejó de luchar. Eric lloraba y se limpiaba las lágrimas con la manga al correr... hasta que resbaló por una pendiente... quedó tirado un rato, cojeó hasta lo que parecía ser un claro y entró en él... era una villa, la de los trabajadores y se ocultó en el tanque de un camión cisterna.


Capítulo 3.

La comisaría.


El piloto del avioneta blanca que rondaba los aires de Isla Sorna, perteneciente al servicio de vigilancia aérea, se percató de la lancha varada en el arrecife e informó por la radio al aeropuerto de San Juan y al cuerpo de policía de Costa Rica, la Fuerza Pública. La policía costarricense inició un peritaje con las fotos tomadas por el copiloto, descubriendo la identidad de sus propietarios, Carlos Benamburg y Santiago Montenegro. Interrogaron a los testigos que les vieron por última vez con dos clientes norteamericanos, un hombre y un niño. Las coordenadas indicaron al suroeste de Sorna.

Anochecía y Amanda Kirby miraba su reloj de pulsera repetidas veces, bajó a la recepción.

—Disculpe ¿no ha visto a un hombre y a un niño entrar al hotel? Eric Kirby, mi hijo y mi novio Ben Heildebrand ¿los ha visto?—preguntó la mujer impaciente.

—¿Cómo andaban vestidos?—pidió el recepcionista en idioma inglés, que dejó a un lado lo que hacía.

—Eric usaba una camiseta roja de mangas largas, tiene doce años y Ben una camisa blanca floreada, parecida a una guayabera ¿no los ha visto?—detalló y suplicó Amanda, el recepcionista negó.

—¿Está seguro? ¿Podría revisar las cámaras? Es que... se fueron en la mañana y todavía no regresan, los he llamado por teléfono muchas veces y no contestan. Hasta pensé en llamar a la policía—relató Amanda.

—Señora Kirby, estoy completamente seguro de que no les he visto, pero según lo que me comenta, quizá sí deba llamar a la policía, si quiere yo mismo puedo llamar desde aquí—el recepcionista, hombre mayor y de aspecto bonachón, le entregó el teléfono fijo y Amanda llamó...

—Policía de Costa Rica, buenas tardes ¿que necesita?—contestó la operadora en español.

—Sí, sí, buenas tardes, eh... mi novio y mi hijo han desaparecido esta mañana—respondió Amanda en inglés.

—Bien ¿puede decirme a qué hora?—preguntó la operadora policial.

—No lo recuerdo, en la mañana temprano, ocho o nueve—dijo la mujer confusa.

—¿Dijeron a dónde iban?—preguntó la policía.

—No, solo dijeron que saldrían a dar una vuelta, nada más—confesó Amanda frustrada.

—Correcto ¿dónde se encuentra usted ahora?—pidió la operadora.

—En un hotel, Sonesta Jacó—dijo Amanda.

 —Bien, quédese allí, enviaremos una patrulla—concluyó la operadora y colgó.

En la comisaría, Amanda dio casi la misma declaración y la policía reportó a Eric Kirby y a Ben Heildebrand oficialmente como desaparecidos. En una oficina, un policía de traje negro y cuerpo robusto le estiró la mano a la turista.

—Señora Kirby, soy el comisario Pedro Quesada. Tengo malas noticias... lamento informarle que su novio, el señor Heildebrand al parecer, contrató un servicio de turismo ilegal, para que una pareja de pescadores, Carlos Benamburg y Santiago Montenegro les llevaran hasta una zona restringida, una isla ubicada al Oeste del país, Sorna. Venga—el comisario dirigió a Amanda hasta un mapa pegado en la pared y puso un dedo encima, indicando una isla—uno de nuestros pilotos identificó la lancha de Benamburg encayada en unos roqueríos al suroeste de la isla, aquí... solo encontramos el cuerpo de Santiago Montenegro, pero ningún rastro de su hijo ni de su novio. Creemos que la lancha fue atacada por un animal grande, ya que parte de su estructura tenía una serie de arañazos—detallaba el comisario Quesada. Amanda perdió el equilibrio y cayó sentada en una silla, los policías se preocuparon y le trajeron un vaso con agua.

—¿Saben dónde están Eric y Ben?—preguntó Amanda con voz temblorosa.

—No señora Kirby, no lo sabemos—reconoció el comisario.

—¿Pueden ir a buscarlos?—preguntó ella tiritando y apretando su vaso.

—Ni aunque quisiéramos señora Kirby, nadie puede acercarse a esa isla—dijo Quesada.

—¿Por qué no pueden?—persistió Amanda angustiada.

—Señora Kirby... no contamos con el equipo necesario para realizar una incursión en ese lugar ¿nunca escuchó del incidente de San Diego? ¿El dinosaurio gigante? Bueno, esa isla está llena de esas cosas. En Costa Rica no contamos con éjercito propio. Le recomiendo que hable con la embajada de su país, no podemos hacer nada más allá de eso. En verdad lo lamento mucho, de verdad. Le pido una disculpa a nombre de toda la Fuerza Pública de Costa Rica—terminó el comisario... Amanda le contempló con una inmensa mirada de confusión e incredulidad.

—Usted debe estar... usted no... —Amanda quedó inmóvil y todos le miraban silenciosos e incómodos—por favor, comisario usted debe ir... usted no puede decirme eso—Amanda se levantó de la silla y sujetó al comisario de su camisa, sintió que se le doblaban las rodillas y se desplomó, a eso siguió un fuerte estallido de llantos y gritos, los policías intentaron estabilizarla, todos fuera de la oficina miraron a través de las ventanas para ver qué ocurría.


Capítulo 4.

El señor Udesky.


Devastada y recostada en el suelo de la habitación del hotel... los ojos de Amanda recorrían todos los rincones, pensando a quién más pedir ayuda... recordó a Paul, sintió un escalofríos y un vértigo... no quería hablar con él, siempre discutían y eso la hacía sentir muy mal... era obvio que Paul la regañaría y coronaría todo con la fracesita "Te lo dije", sí, porque desde el inicio, Paul Kirby desaprobaba las conductas imprudentes e irresponsables de Ben Heildebrand... pero sí, muy a su pesar, Paul tenía la razón, una vez más. Él nunca excedía los límites de velocidad, nunca hacía nada arriesgado, se portaba como un viejo, sin embargo, Amanda no podía negar que sí era un buen padre, uno responsable que merecía saber lo que le había acontecido a su hijo.

Se armó de valor y llamó por teléfono a su ex esposo... y le contó todo, todo lo que sabía... para su sorpresa, Paul no la regañó, al contrario, se preocupó mucho y le dijo que iría a la embajada para pedir ayuda.

Paul Kirby llamó a la policía y buscó la manera de contactarse con el ministro de relaciones exteriores, le atendió por teléfono un tal Mark Degler, sonaba como un hombre joven, en realidad, tenía unos 42 años.

—Señor Degler, soy Paul Kirby, necesito su ayuda—fue lo primero que dijo Paul denotando mucha ansiedad.

—Buenas tardes señor Kirby, me presento, soy Mark Degler, secretario del ministerio de relaciones exteriores ¿en qué puedo ayudarle?—respondió con una tranquilidad muy formal.

—Señor Degler, mi esposa me llamó hace unos días y me dio la noticia de que mi hijo desapareció cerca de una isla en Costa Rica. Le pidió ayuda a la policía costarricense y ellos dicen que no pueden ir a esa isla porque es una zona restringida, que no tenían el equipo necesario y que debíamos pedirle ayuda a nuestra embajada—informó Paul con mucho frenesí.

—¿Cómo ocurrieron los hechos?—preguntó Degler.

—Eh... el novio de mi esposa, digo, ex esposa, lo llevó a pasear en lancha y se acercaron a una isla y sufrieron un accidente, nadie ha sabido nada de ellos, no han encontrado ningún cuerpo, nada. Mi hijo se llama Eric Kirby, tiene doce años y el novio de mi ex esposa, se llama Ben Heildebrand—explicó Paul con las manos temblorosas.

—¿Cerca de qué isla se extraviaron?—prosiguió Mark Degler.

—Sorna, isla Sorna—dijo Paul temblando.

—Bien... bien... hablaré con el ministro y apenas tenga una respuesta, le llamaré a este número—garantizó Mark.


Colgaron la llamada... pasaron las horas, ese día Paul no fue a la ferretería, se enfocó única y exclusivamente a este asunto, no podía pensar en nada más. Sonó el teléfono.

—¿Sí?¿Hubo noticias?—preguntó Paul.

—Sí señor Kirby... y lamento decir que no son buenas... resulta que dicha isla, efectivamente es una zona restringida, según investigamos, pertenece a Costa Rica, pero hoy es alquilada por Mazrani Global, una compañía de biotecnología que compró a la antigua InGen, los que hicieron a los afamados dinosaurios del Parque Jurásico. Nos comunicamos con un representante de Mazrani Global y él nos dijo que, la isla no forma parte de sus propiedades, nadie la ha visitado por obvias razones y que no consideran participar en esto—informó el señor Degler.

—¿Cómo? ¿Y eso qué quiere decir?—exigió Paul angustiado.

—Señor Kirby... hicimos todo lo que pudimos en su caso... pero no existe ninguna posibilidad más que aceptar lo inevitable—sentenció Mark Degler.

—¡¿Qué?! Esto debe ser una broma, ustedes tienen aviones, tanques, armas ¿Por qué no pueden mandar a un ejército a esa isla? ¿Acaso no pueden o no quieren?—demandó Paul Kirby exasperado.

—Señor Kirby... ya se intentó una vez, en el 97, InGen desplegó tropas para explorar esa isla... y regresó menos de un tercio del pelotón que fue, murió una docena de hombres, aun si enviáramos tropas, es probable que nadie regrese con vida, sería un total despropósito ¿entiende eso?—explicó el secretario. Indignado, Paul colgó el teléfono de golpe y se sentó... el llanto desesperado de un padre inundó la sala del comedor.

Sin tener más alternativas, Paul Kirby recordó a uno de sus clientes, un tal señor Newman, veterano de Afganistán, pensó que podría ayudarle, así que le llamó.

—Señor Newman... soy Paul Kirby, de Pinturas Kirby, un placer saludarle—abrió la conversación Paul.

—Señor Kirby, cuénteme—respondió amable Newman.

—Mire... no quiero importunarlo pero... estoy en una situación digamos, muy complicada; mi hijo andaba de vacaciones en otro país y mi esposa dijo que desapareció y que la policía no puede ayudarla—fue al grano Kirby.

—¿Lo secuestró un cartel de droga?—preguntó preocupado Newman.

—Sí, algo así—dijo Paul con tono dudoso.

—¿En qué país fue?—consultó Newman.

—Costa Rica—dijo Paul.

—¿Cartel de drogas en Costa Rica? Qué extraño—cuestionó Newman.

—En realidad no fue un cartel de drogas, él se perdió en una isla donde el gobierno no puede entrar, Sonora o Sorna, no recuerdo bien el nombre—confesó Kirby sin rodeos.

—¿Es broma?—soltó Newman incrédulo.

—No, no lo es—descartó Kirby.

—Dios... —exhaló el señor Newman.

—¿Puede ayudarme?—mantuvo Kirby.

—No lo sé... pero conozco a otro hombre que podría, el señor Udesky, le daré su número, anote—ofreció el cliente, Kirby dio vueltas algunas cosas y encontró un lápiz. Paul anotó el número y colgó, suspiró y llamó al señor Udesky.

—Hola ¿señor Udesky?—saludó.

—Hola ¿quién habla?—preguntó el receptor.

—Soy Paul Kirby, de Pinturas Kirby, un cliente me dio su número, el señor Newman. Necesito su ayuda, mi hijo se perdió en una isla en Costa Rica, Sorna o Surna, mi esposa dice que la policía no puede ayudarle, nuestra embajada tampoco—inició Kirby.

—Sorna... una vez escuché de ella en las noticias... espere, no me diga que... oh, diablos... no puedo ayudarlo—descartó Udesky de plano.

—¡No, por favor, tiene que ayudarme, le pagaré, lo juro! Nadie quiere ayudarnos, usted es nuestra última esperanza, se lo suplico—imploró Kirby angustiado y cayendo sentado en la alfombra.

—Señor Kirby... —pidió la palabra Udesky.

—¿Cuánto quiere? ¿Mil dólares, dos mil, tres mil, diez mil? Puedo dárselos, tengo mucho—ofrecía sin parar Paul Kirby.

—Usted entiende que me está pidiendo algo ilegal ¿verdad?—enfatizó Udesky.

—Sí, lo sé perfectamente y sé que es una misión de muy alto riesgo y puede que ni siquiera regresemos con vida, lo sé y por eso le pagaré mucho dinero, lo juro—reconoció el solicitante con voz rápida.

—Bien... bien... mire... en primer lugar, usted no debe hablar de este tema con nadie, para eso debemos firmar un contrato de confidencialidad ¿de acuerdo?—exigió Udesky con voz lenta y calmada.

—Sí, de acuerdo—acató Kirby.

—Bien... y segundo, sí, conozco a unos ex militares, tipos duros, que han estado en combate ¿entiende?—garantizó el receptor.

—Eso es genial—seguía el hilo Kirby.

—Podría conseguir a tres, así que tendría que pagarnos a los cuatro, veinte mil dólares a cada uno, ochenta mil en total—fijó Udesky.

—Ochenta mil dólares—repitió en voz baja Kirby y dio un suspiro.

—Sí, ochenta mil. Me conseguiré un avión, un jet Super King Air 200, usted también deberá correr con ese gasto, serían otros veinte mil dólares—agregó Udesky.

—Espere, espere, espere... mire, hagamos algo, primero les pagaré una mitad y al terminar la misión, la otra mitad ¿bien?—condicionó Paul.

—¿Disculpe? Señor Kirby, creo que usted no está en posición de negociar, hablamos de la vida de su hijo ¿lo olvidó?—rechazó Udesky incómodo.

—Mire... siempre hay gente inescrupulosa que se aprovecha de la desesperación de otros, todos lo sabemos—mantuvo el padre.

—Señor Kirby ¿a dónde quiere llegar con todo esto?—presionó Udesky.

—Que yo no lo conozco, nunca lo he visto ni tampoco sé si es de fiar... ya dije, una mitad ahora, la otra al final de la misión, si acepta bien y si no, bien también—dictaminó Paul Kirby algo irritado y ansioso.

—Está bien... bueno, está bien. Quedaremos en contacto, le informaré ante cualquier novedad—aceptó Udesky y colgó.


Capítulo 5.

Las cinco muertes.


Amanda se paseó por el muelle donde zarpó por última vez la lancha de Benamburg y se topó con algunos pescadores. Le hizo una señal a uno de ellos.

—Oiga, disculpe ¿usted conocía a los pescadores que desaparecieron?—indagó mujer en un simpático español.

—Sí ¿quién es usted?—respondió uno de ellos.

—Soy Amanda Kirby, la madre del niño desaparecido—dijo ella.

—No, no los conozco, solo somos pescadores, no organizamos paseos ilegales—rechazó el pescador y retomó sus labores.

—No, no se preocupe, no vine para acusarlo de nada, solamente quiero saber lo que pasó—pidió Amanda con los brazos extendidos.

—Sabemos lo mismo que usted señora, un hombre y un niño, el hombre le pagó a un tipo por un paseo en lancha y no volvieron, nada más, yo no sé nada más—escupió el hombre de redes.

—¿Y qué sabe sobre la isla Sorna?—persistió Amanda.

—Las cinco muertes... es un archipiélago de cinco islas—dijo él.

—¿Por qué les dieron ese nombre?—inquirió Amanda muy intrigada.

—Es una vieja leyenda indígena, los mayas decían que en esas islas, habitaban unos guerreros belicosos y el más cruel, mató a una tribu de mayas que las visitaron... y los dioses le castigaron, le sentenciaron a muerte y le dieron a elegir cinco tipos de muertes, el guerrero eligió las cinco, una muerte por isla... por eso se llaman así. Están malditas, así que no hablaré más del tema—cerró el pescador.

—¿No sabe quién puede llevarme hasta ahí?—insistió Amanda.

—¡No, le dije!—gritó el local irritado. La extranjera se retiró apesadumbrada y regresó al hotel. Llamó por teléfono.

—Paul ¿qué has conseguido?—preguntó cansada.

—Encontré a alguien, juntará a un equipo de ex militares. Por favor, no hables con nadie de esto ¿bien?—informó Kirby.

—Bien, correcto—dijo Amanda más relajada.

—Debo colgar, cuídate por favor—cortó Paul.

Kirby guardó su teléfono satelital amarillo y Udesky se sentó frente a él en el restorán.

Udesky le entregó una copia del contrato de confidencialidad a Paul y este lo leyó y lo firmó.

—Bien, conseguí dos hombres, uno se enfermó, un copiloto, así que yo lo reemplazaré, no hay problema—dijo Udesky.

—¿Tienen armas?—preguntó inquieto Kirby.

—Sí señor, claro que las tienen—garantizó Udesky.

—Bien. Tome, este es un teléfono satelital, tengo dos, nos servirán para estar comunicados. Entonces ¿estaríamos completos?—dijo Kirby y se lo entregó.

—No, todavía no, falta alguien más, un guía o un experto—sugirió Udesky.

—¿Cómo dice?—soltó Kirby.

—Alguien que haya estado allí antes, uno de los sobrevivientes, pueden ser los doctores Malcolm, Harding, Grant o Sattler—indicó Udesky, Kirby enumeró con sus dedos.

—Yo me encargaré de eso—aseguró Kirby y se despidieron con un apretón de manos.

—El dinero—recordó Udesky.

—Ah sí, se lo transferiré a su cuenta—dijo sin más Kirby.

—No, debe ser en efectivo, siempre que se hace algo ilegal, debe ser en efectivo, para no dejar ninguna evidencia que nos vincule—remató Udesky. Paul se quedó pensando.

—Correcto, esta semana se lo entrego—ofreció Kirby.

—Aquí mismo—aceptó Udesky.


Capítulo 6.

Alan Grant.


Al llegar a casa, Paul Kirby buscó por Internet el contacto de Malcolm, Harding, Grant o Sattler. No halló nada en particular y se frustró mucho... arregló sus cosas y fue a buscar a Amanda al aeropuerto, se suponía que hoy llegaría. Una vez en casa, Paul le comentó todo lo que tenían hasta ahora...

—¿Y cómo encontraremos a esos científicos?—preguntó Amanda sentada en una silla del comedor.

—No lo sé, busqué en internet, no hay nada... Eric siempre hablaba de Grant... espera—recordó Paul sentado frente a la biblioteca y de un salto, se lanzó a revisar los libros.

—¿Qué buscas?—pidió Amanda.

—El libro de Eric—dijo Paul.

—Está en su habitación—aclaró Amanda y Paul corrió hacia allá. Agarrando el libro titulado "Dinosaur detectives" o "Detectives de dinosaurios", Nationwide best seller, escrito por los doctores Alan Grant y Michael Baches, revisó la contraportada... el nombre de la editorial... Workman Publishing.

—Eso es, número telefónico de la editorial—festejó Paul y llamó.

—Buenas tardes, soy Paul Kirby y necesito una información—pidió el emisor.

—Buenas tardes, editorial Workman ¿Cuál es su solicitud?—preguntó el receptor.

—Hace unos años, el doctor Alan Grant publicó una novela con esta editorial y necesito comunicarme con él por un trabajo—contó Kirby.

—Ah ya veo... solo disponemos de un correo electrónico, se lo doy... déjeme ver... aquí está, anote: dr.alangrant@yahoo.com—dijo el secretario y Paul tomó nota.


El correo del remitente decía así:


"Buenas tardes, dr Grant. Soy Paul Kirby, de empresas Kirby, dedicada a la importación y exportación de materias primas. Con mi esposa Amanda, estamos felices de invitarle a nuestro 13vo aniversario y queremos algo muy especial, para eso solicitamos sus servicios, que serán muy bien pagados. Quedamos atentos ante cualquier novedad". Paul Kirby.


Y la respuesta fue.


"Buenas tardes. El doctor Alan Grant se encuentra de viaje en estos momentos, pero le daré su recado". Atte. Billy Brennan.


—Bien Amanda... buscaremos a Grant, él no quiere nada con Parque Jurásico, así que tendremos que engañarlo—dijo Paul.

—¿Hablas de secuestrarlo?—se asustó Amanda.

—Algo así. Debemos inventar una historia creíble y ensayarla muchas veces. Yo soy un empresario multimillonario, dueño de las empresas Kirby. No tenemos hijos. Hemos viajado por todas partes, el Nilo, Galápagos, el K2, etc y tenemos un pasaje reservado para el primer viaje a la Luna, somos un matrimonio de excéntricos ¿entiendes?—imaginaba Paul.

—¿Usaremos los mismos nombres?—preguntó ella.

—Sí, solo mentiremos en que tenemos muchísimo dinero y que no tenemos hijos, nada más—aclaró Paul, Amanda asintió.


Capítulo 7.

Ellie Sattler.


Washington DC’ 1230, Milan Avenue, South Pasadena, California, justo al sur de Monterey Road.

En el gran jardín de una casa, repleto de césped muy verde y bien cuidado. Jugaba el pequeño Charlie con sus dinosaurios de juguete bajo la atenta mirada de Alan, era cómico, era más fácil decir Alan, pero Charlie le decía "El hombre dinosaurio". Charlie hacía pelear a un brachiosaurus con un triceratops.

—No Charlie, ese es un herbívoro, no les gustaría pelear entre sí, pero estos dos son carnívoros y les encantaría pelear entre sí, usan sus dientes y sus garras para arrancarse la cabeza—le dijo Alan jugando con un megalosaurus y un raptor (que frase tan desafortunada, si es que Alan hubiese visto el futuro). Ellie escuchó desde atrás.

—Alan... tiene tres, espérate a que tenga más—dijo la doctora en voz baja y con una sutil sonrisa, sosteniendo a su bebé varón y apoyándolo sobre su cadera. Iba vestida con una camiseta manga larga roja y unos jeans... Los jeans eran propios de Alan, aunque para esta ocasión iba semiformal, con una chaqueta o bestón y unos pantalones de vestir, algo poco común en él, puesto que tendría una conferencia pública mañana.

—Jaja verdad, lo siento Charlie—se disculpó Alan ante la mirada confundida del niño que retomó su juego.

—Jajaja recordé cuando asustaste a ese niño en las Badlands de Montana—aguantó la risa Ellie.

—Jajaja el gordito que dijo que el raptor era un pavo de dos metros jajaja... ¿y crees que sigo siendo ese hombre malo? Jaja—bromeó Grant.

—No, no lo eres jaja—consoló Ellie, que fue interrumpida por su niñera.

—Ellie es Tom, quiere hablarte sobre el último capítulo—dijo la joven de rasgos asiáticos, con el teléfono inalámbrico en mano.

—Dile que no eliminaré la cita de Jack Horner... la de los "Pollo-lagartos"—descartó Ellie—mi editor se cree paleontólogo—dijo en chiste girándose hacia Alan.

—Ah... ese experimento. Yo descubrí algo, te lo diré más tarde—terminó Alan al sentir el motor del auto de Mark, comprendiendo que su paraíso idílico se había extinto.

—¡Hola Mark! Mira quién llegó bebé—le saludó Ellie con su pequeño en brazos y besando a su esposo en la boca... Alan sintió una aguda puntada en el esternón y un dolor terrible en el estómago, pero lo disimuló muy bien y fingió una sonrisa, luego extendió la mano por mera formalidad.

—Hola Mark—dijo Grant sin más.

—Encantado Alan—respondió Mark amable.

—¡Papá este es un herbívoro y él es el hombre dinosaurio!—soltó Charlie de improviso y eso ayudó a aliviar la tensión en el aire.

—¿"Hombre dinosaurio"? Jaja—se rió Alan "Gracias Charlie" pensó.

A la hora de la cena, Mark pasab el agua del hervidor al termo, Ellie estaba reclinada a la mesa y el invitado intentaba entablar diálogo con Jack, la mascota de la familia, un guacamayo rojo.

—Jack, di mi nombre... me llamo Alan... me llamo Alan—pidió el paleontólogo al ave que le miraba desconfiada en su jaula.

—Jajaja ya no te recuerda—se rio Ellie.

—Juro que me conocía—se lamentó Alan caminado hacia la mesa.

—Sí, es una pena—lamentó Ellie entre risas.

Mark le entregó su taza y se sentó.

—Alan ¿sabías que Mark trabaja para el gobierno?—preguntó la dueña de casa.

—No ¿qué hacer ahí Mark?—consultó Alan.

—Relaciones internacionales, tratados y cosas así—resumió Degler. "Claro, eso justifica esta inmensa casa y todas estas cosas lindas, que yo no podría pagar ni aunque naciera 100 veces ¿es la abundancia de dinero sinónimo del éxito? ¿Me habré equivocado de carrera? No, no lo creo... pero tal vez podría pedirle trabajo a él", repasaba Alan encerrado en sus pensamientos... lloró el bebé.

—Ay no, el llamado de la selva—se quejó Ellie.

—No, déjalo, yo iré, ustedes pónganse al día—se ofreció Mark levantándose.

—Gracias—expresó Ellie. "Maldición, hasta en eso es un buen padre y un buen esposo ¿habré sido yo así de bueno o no? Por lo menos Ellie está en manos de un buen hombre, quizá mejor que yo, más responsable", masticó Alan en silencio.

—Él es encantador—apreció Grant, Ellie sonrió.

—¿Qué estás estudiando?—preguntó a continuación.

—Raptores—soltó Alan.

—Mis favoritos—dijo Ellie con una clara incomodidad.

—¿Te acuerdas de los sonidos que hacían?—inquirió Alan, "Diablos... qué mala manera de empezar, ya se puso tensa", se castigó.

—Alan... trato de no hacerlo—susurró ella alzando los hombros.

—Sí, entiendo... no quiero traerte malos recuerdos. Bueno, en síntesis, descubrimos que todo lo que sabíamos antes, nuestras teorías e hipótesis sobre su inteligencia y sus capacidades, se quedaron cortas—reconoció Grant.

—Sigue—pidió Ellie intrigada.

—Hace poco, escaneamos el cráneo de un Utahraptor... y hallamos una estructura ósea similar a una cámara de resonancia... y muy compleja—reveló Alan.

—¡Ah, entonces teníamos razón! ¿Podían vocalizar?—recordó Ellie.

—Para mí es la clave de su inteligencia social—intervino Alan.

—Por eso podían cazar en equipo—supuso ella.

—Y coordinar sus ataques para confundir a sus presas y que estas no se enteraran de nada—dijo él.

—Hablaban entre ellos—atinó Ellie.

—A un grado que nadie se imagina—la doctora suspiró incrédula—Ellie es verdad, eran más inteligentes que los delfines y las ballenas... eran más listos que los primates—aseveró Alan... Ellie le contempló impactada, tratando de asimilar la nueva información con sus vagos recuerdos.

Ya de noche, Alan encendió el motor de su automóvil y Ellie se inclinó hacia la ventanilla del piloto.

—Quería decirte que si algún día necesitas ayuda, puedes llamarme, lo que sea, cuando sea—ofreció Ellie con generosidad.

—Claro—agradeció Alan.

—Sigues siendo el mejor, lo digo enserio—recalcó Ellie y esto generó un pequeño dolor en el pecho de Alan.

—Tal vez sea "El último de mi especie"—bromeó Alan y poniendo el cambio en reversa, retrocedió hacia la calle. Ellie le observó a la distancia y de brazos cruzados, delante de la gigantesca casa de fachada blanca y gris, adornada con enredaderas.

"Me gustaría pedirte ayuda Ellie, lo sabes, pero el amor que yo necesitaba de ti, ya no puedes entregármelo", lamentó Alan Grant y puso la primera marcha.

Al medio día, en el Auditorium del Thorne Hall del Occidental College, 1600 Campus Road, Eagle Rock, entre Los Ángeles y Pasadena. El gran auditorio esperaba ansioso y hambriento la charla del doctor Grant, se supone que sería en la mañana y era ya medio día, hubo un retraso con la adquisición y exposición de los fósiles de raptores y el doctor Gran esperaba impaciente... Alan entró al escenario y se peinó un poco.

—Doctor Grant, bienvenido, adelante—invitó la profesora de Geología.

—Gracias por esperar—dijo Alan acercándose al micrófono y viendo al centenar de estudiantes y profesores muy expectantes y atentos, a pesar de todo.

—Bueno, me presento, soy el doctor Alan Grant, paleontólogo de vertebrados de la Universidad de Alberta, Canadá y con una mención en dinosaurios terópodos. Mi campo de estudio concreto es el clado Maniraptora y la familia Dromaeosauridae, los que vulgarmente llamamos "Raptores". Por lo general siempre se había creído que los dinosaurios eran reptiles de sangre fría o ectotermos, gran tamaño, torpes, lentos, poco inteligentes, etc, dicha imagen fue refutada en los años 70, tras el descubrimiento de Deinonychus por parte del doctor John Ostrom, allí comenzó el renacimiento de los dinosaurios, perpetuado por mis colegas los doctores Jack Horner y Robert Bakker, entre otros. Hoy en día tenemos muy claro que habían dinosaurios más pequeños, gráciles, de vida más activa y un poco más inteligentes de lo que creíamos, el doctor Horner planteó que su sistema de caza era incluso muy similar al de los lobos modernos, hay otros paleontólogos que han refutado esto, aparentemente, argumentando que los raptores y casi todos los terópodos no planeaban estrategias de caza, sino cacerías motivadas por cooperaciones ocasionales, como efectúan los diápsidos actuales, me refiero a los cocodrilos y lagartos, no a las aves, claro está. Por otro lado, mi colega, el paleontólogo Gregory S Paul ha planteado que casi todos los Maniraptora podrían ser linajes descendientes de taxones como Archaeopteryx, es decir, que los raptores podrían ser Arqueopterígidos más grandes que perdieron la capacidad del vuelo. Otros colegas más valientes han afirmado incluso, que todos los raptores eran en realidad aves. Bien... hoy es un antes y después en todo este debate... con mi colega, el paleontólogo Billy Brennan y nuestro equipo, que en estos momentos están en una excavación en Badlands, Montana, hemos escaneado el cráneo casi completo de un taxón ya conocido, Utahraptor, y descubrimos una cavidad extraña, creemos que es una cámara de resonancia muy elaborada... o por lo menos cumpliría con ciertas estructuras que facilitarían una comunicación muy compleja y una emocionante correlación entre el paladar superior y la laringe... esto nos lleva a la teoría y solo a la teoría, de que el Utahraptor y por extensión el Velociraptor, era capaz de realizar articulaciones avanzadas que podrían presentar una tremenda ventaja evolutiva. Los raptores eran feroces, inteligentes y eran socialmente muy sofisticados, cazaban en grandes números y coordinaban sus esfuerzos, de no ser por los eventos cataclísmicos que les alcanzaron, es posible que los raptores y no los humanos se hubiesen convertido en la especie dominante de este planeta. Espero que esto haya sido de su interés. Definitivamente esto nos emociona mucho como paleontólogos, pero hay mucho, mucho más por descubrir y para eso necesitamos recursos... y les pedimos... su apoyo... gracias—concluyó su discurso el doctor Alan Grant. A eso siguió un tibio aplauso de la audiencia y uno que otro que no aguantó el hambre y se fue a almorzar.

—Se lo agradecemos mucho doctor Grant, ahora ¿alguien tiene una pregunta?—intervino la profesora y todas las manos se levantaron, al parecer, muchos de ellos eran sus fans y solo querían un autógrafo.

—Correcto... seré sincero ¿alguien tiene una pregunta que no tenga nada que ver con Jurassic Park?—pidió Grant, la mitad de los presentes bajó la mano.

—Y por favor nada relacionado con el incidente de San Diego, del cual no fui testigo—descartó... solo dos estudiantes tenían su mano arriba.

—Sí señor—otorgó la palabra Alan y otra profesora le pasó el micrófono.

—Doctor Grant, confieso que su teoría sobre los raptores es buena, pero... seamos realistas ¿Acaso no cree que está perdiendo su tiempo? Cuando la ONU decida que hacer con Sorna, la segunda isla, los científicos, hablo de genetistas, irán a buscar sus propias teorías y mucho mejores que las suyas, con raptores vivos—contrarió el joven, Alan sintió un intenso calor en la nuca y mucha tensión y rabia, se dio cuenta cómo se le apretaban todos los músculos de la cara y el vientre, "¡Estúpido insolente! ¡¿Qué te has creído?! ¡¿Que el trabajo de siglos, todo lo que hemos invertido y perdido, fue en vano?! Ahora mismo bajaría y te pondría un puñetazo bien dado, por insolente. Contrólate Alan, contrólate, todos te están mirando, sé profesional, sé profesional", se exigió.

—Señor... por favor... los dinosaurios vivieron hace 65 millones de años, lo único que tenemos de ellos, son sólo fósiles en las rocas y en las rocas, es donde los verdaderos científicos hacen descubrimientos reales. Lo que John Hammond hizo en Parque Jurásico, fue manipular la ingeniería genética a su antojo, para fabricar monstruos prehistóricos, híbridos, que en resumen, son irreales, falsos dinosaurios—respondió con mucha formalidad y conteniendo toda su furia.

—¿Eso quiere decir que no le gustaría visitar esa isla y estudiarlos si tuviera la oportunidad, digo para comprobar su teorías?—preguntó otra estudiante.

—¿Y quién podría regresar con vida? No, ni por todo el dinero del mundo, pondría un pie en esa isla—remató Grant.

—Vaya, eso es muy drástico—observó la joven y Grant bajó del escenario para firmar autógrafos y copias de sus libros. Todos hicieron una fila y tocó el turno del "Chico insolente" y le presentó una copia de su libro, el segundo.

—Hola doctor Grant, soy White Hirtford ¿se acuerda de mí?—preguntó el inoportuno. 

—No... siguiente—le firmó y desconoció.

—Soy yo "El raptor no me asusta, porque es un pavo de dos metros" ¿lo recuerda?—le animó el joven.

—Ah eres tú... ¿y siempre fuiste tan inoportuno?—se quejó Alan.

—Doctor Grant, soy periodista; mi trabajo es hacer preguntas inoportunas ¿Cómo ha estado todos estos años?—explicó y preguntó el Hitford.

—Ah... entiendo, lo siento. Eh... bueno, no me quejo, todo sigue igual que siempre—dijo Alan sin más.

—Ah... comprendo, están bajos los fondos... si quiere puedo invitarlo a nuestro programa, le pagaríamos por una entrevista, tal vez no sea mucho pero—ofreció White.

—¿Entrevista sobre qué?—indagó Alan.

—Sobre un tema que no le gusta—reveló el periodista.

—Ah... mira, no es que no quiera hablar sobre Parque Jurásico, hay un contrato de silencio con InGen—dijo Grant, los otro esperaban en la fila un poco aburridos.

—Ah... es por eso. Leí que InGen está en la banca rota doctor Grant y está en planes de ser comprada por Masrani Global—informó White.

—Exactamente, demandarían a quien sea para sacar hasta el último centavo. Estimado, hay gente esperando—recalcó Grant apuntando a los que esperaban en la fila, White se despidió y se fue.


Capítulo 8.

Nash y Cooper.


Por otro lado, en un deshuesadero de aviones, en el 20020 del Mirage Airport Road, a unas 20 millas de Victorville, California. El sargento mayor Michael Nash terminó de pintar la ventanilla del piloto de un viejo jet blanco.

—¿Qué tenemos aquí Nashi?—le esperaba recostado en el suelo el ex boina verde, Cooper, muy entretenido y apuntando con un fusil grande apoyado sobre un bípode Harris.

—El "Cuerno de hierro", un rifle subsónico y semiautomático de gas, con cargador de 10 tiros, balas incendiarias de 20 milímetros, de alto nivel explosivo... de cerrojo giratorio. También tiene una mira térmica AN/PAS 13 y un freno de boca de múltiples puertos—detalló rápidamente Michael Nash.

La musiquita de un teléfono satelital no dejaba de sonar... la melodía de "Pinturas Kirby", hasta que Udesky contestó.

—Udesky—dijo colgando de unos soportes y dejándose caer.

—Señor Udesky, soy Paul Kirby ¿alguna novedad?—saludó su cliente.

—Ah señor Kirby, ya estamos listos aquí y terminaremos el resto, en cuanto reciba el pago—dijo muy relajado Udesky y caminando fuera de un avión carguero abandonado.

—Sí, no se preocupe por eso ¿consiguió a los hombres?—preguntó Kirby.

—Sí señor, a los dos mejores elementos que pude encontrar—dijo Udesky.

—¿Ha trabajado con ellos antes?—persistió Kirby.

—No, no he trabajado personalmente con ellos antes, pero le aseguro que son completamente profesionales—garantizó Udesky. Cooper quitó el seguro del rifle, se montó la culata al hombro, apuntó y disparó... el proyectil casi ni se sintió, hasta cuando voló por los aires la nariz del viejo jet. Cooper y Nash sonrieron a su jefe.

—Señor Udesky ¿se encuentra bien?—preguntó alarmado Kirby.

—No se preocupe señor, esto solo será como "Dar un paseo por el parque"—le calmó sonriente.

Lo que ellos no sabían, era que Paul Kirby tuvo que vender muchísimas cosas, su furgoneta que tanto quería, su equipo de pesca, herramientas, estuvo a punto de vender su ferretería, su casa y hasta pedir varios préstamos... no lo hizo, ya que debía dejar algo para el segundo pago... lo vendió casi todo... para recuperar todo, todo aquello que era más importante... es decir... a su familia.


Capítulo 9. 

Billy Brennan.


En una excavación Fort Peck Lake, Montana. Cheryl Logan, una estudiante de Geología de 27 años, con una brocha, cepillaba el fémur de un Deinonychus... hasta que llegó su reciente novio, Billy Brennan, un joven de unos 29 años, muy amable y simpático, se recostó a su lado.

—Billy, creo que lo estoy haciendo mal—dijo Cheryl.

—Inténtalo con el cepillo, con cuidado, hazlo poco a poco—aconsejó Billy.

—Nunca sé si es hueso o piedra—confesó Cheryl.

—En teoría todo es roca, el calcio se reemplaza después de la fosilización y se convierte en carbonato de calcio. Pero se siente la diferencia—le tomó la mano y le hizo rozar la roca con el dedo índice—áspero—entonces hizo lo mismo con el fósil—liso... áspero y liso jaja—explicó Billy intercambiando miradas románticas con Cheryl.

—¡Doctor Grant!—respondió Billy poniéndose de pie y caminó hacia él, dejando muy a su pesar a Cheryl.

—¡Señor Brennan!—saludó Alan arriba de una colina y bajando de su camioneta.

—¿Y? ¿Cómo le fue?—preguntó el joven, cerrando la puerta de la camioneta con el logo del "Museo de Rockies: departamento de paleontología".

—No es tarde para que estudies economía Billy—dijo Grant cabizbajo.

—¿Así de bien?—pidió Billy.

—Peor, debemos empacar en 4 semanas—anunció Grant.

—En tres, tuve que rentar equipo ¿le gustan las computadoras?—lamentó Billy.

—Billy... tú sabes que me quedé en Ábaco—bromeó el doctor.

Dentro de la tienda de campaña, estaba la impresora de 3D, conectada a un alargador, trabajando laboriosamente en una pieza de silicona acrílica.

—Esta es una impresora 3D, escaneó el fósil que extraímos y ahora está fabricando un molde o réplica—la máquina terminó su tarea y Brennan retiró el molde completo.

—Doctor Grant... le presento la cámara de resonancia de un Velociraptor, escuche—anunció Billy orgulloso y sopló a través de la cavidad... un ruido extraño y primitivo salió de la boquilla, volvió a soplar y emitió el mismo sonido, Alan frunció el seño impresionado y recibió la cámara.

—Esto es... impresionante Billy, que triste que sea tan tarde, si la hubiese presentado en la conferencia—dijo entristecido Alan.

—¡Doctor Grant!—le interrumpió un hombre bien vestido, de gafas caras, parado afuera de la tienda—soy Paul Kirby, de empresas Kirby... hola Billy—se presentó y saludó a Billy como si ya lo conociera, Grant lanzó una mirada interrogante a Billy.

—¿En qué puedo servirle señor Kirby?—preguntó Alan.

—Bueno, primero quería decirle que admiro mucho su trabajo y que tenía una propuesta que quería discutir con usted ¿Le gustaría venir a cenar con mi esposa esta noche? Yo pagaré—invitó el sujeto.

—Señor Kirby, me encantaría, no es por ser maleducado, acabo de llegar y estoy muy cansado por el viaje... mejor otro día—rechazó Alan meneando la cabeza.

—Créame doctor Grant, valdrá la pena—insistió Kirby.

—Aceptamos—intervino Billy, Alan le observó muy incómodo.

—Bien ¿dónde quieren ir?—preguntó Kirby.

—Hay un bar aquí en Jordan—dijo Billy.

—Correcto ¿a las nueve?—fijó Paul y Billy y Grant asintieron. Kirby se fue y Grant le hizo un gesto a Brennan para que entraran a la tienda.

—¿Tú ya lo conocías?—le reclamó Grant al interior.

—Algo... hace dos días nos envió un correo solicitando sus servicios y que nos darán una buena paga. Les dije que estaba de viaje, iba a decirle, pero usted acaba de llegar—informó el joven Brennan.

—Mis servicios ¿y tú confías en ellos? Digo, nunca antes los habías visto—recalcó Grant desconfiado.

—Doctor Grant... ya no tenemos más alternativas... esta noticia nos ha caído del cielo, usted lo sabe—mantuvo Billy nervioso.

—Se trata de Cheryl ¿verdad? ¿Quieres casarte con ella?—inquirió Alan.

—Se trata de todo doctor... de ella, de nuestro futuro, nuestro trabajo y su teoría, todo—defendió Billy. Alan suspiró.


Capítulo 10.

El bar.


Los Kirby les invitaron al Hell Creek Bar, 502 Main Street, en Jordan, el bar en un pueblo de 350 habitantes en la autopista 200 en las zonas salvajes del este de Montana.

Alan y Billy entraron por la puerta principal y sonaba en el tocadiscos "Big hat" de Randy Newman, una tonada mitad country y hawaiana. El matrimonio Kirby les esperaban en una mesa a unos diez metros.

—Bien, somos unos aventureros y hemos viajado al Nilo, Galápagos, el K2 y tenemos un pasaje para el primer vuelo comercial a la Luna—repasó susurrando Amanda.

—Sí, eso es, ya vienen—felicitó y advirtió Paul.

—Hola doctor ¿sigue cavando huecos?—le saludó un cliente en la barra a Grant y este le dio un golpecito en el hombro.

Se saludaron de mano. La señora Kirby tenía el cabello rubio y corto, con un collar de perlas precioso y una blusa blanca, era muy joven y bella, solo cinco años mayor que Billy, mientras que se notaba la gran diferencia de edad con Paul Kirby, que no estaba menos elegante.

—¿Qué quieren beber?—preguntó Kirby.

—Tráeme lo de siempre—le pidió Alan a la garzona antes de sentarse.

—Yo también—se agregó Billy.

—Admiramos su trabajo desde hace años—dijo Kirby.

—Yo pienso que es muy inspirador—intervino la señora Kirby.

—Amanda y yo somos unos aventureros y hemos tomado todos los recorridos que se puedan imaginar: el Nilo, Galápagos, K2—enumeró el señor Kirby, Alan resistió un gesto de disgusto, "Ahora recuerdo por qué me alejé de estas gentes, John", le desagradaban las personas adineradas, porque le recordaban a John Hammond.

—Inclusive tenemos un pasaje reservado para el primer vuelo comercial a la Luna—dijo Amanda Kirby emocionada y abriendo sus grandes y hermosos ojos azules, detalle que despertó el interés de Billy que estaba ansioso y desvió la mirada.

—Y para nuestro aniversario queremos hacer algo muy especial, algo espectacular—anunciaba Kirby.

—Algo inolvidable—dijo la señora Kirby.

—Así que renté un avión para volar sobre la isla Sorna y queremos que usted sea nuestro guía—reveló Kirby, Alan se hizo para atrás incómodo y Billy le observó nervioso. Les trajeron las jarras de cerveza y Alan le sonrió a la garzona.

—Me alaga señor Kirby, pero como usted sabe, soy un hombre muy ocupado, aunque puedo recomendarle a varios guías muy calificados y con mucha experiencia—ofreció Alan.

—No, no, no... usted es el mejor, usted los ha visto de cerca, nadie tiene su experiencia—rechazó Kirby.

—No podrán bajar lo suficiente para ver algo de verdadero interés—les advirtió Grant.

—En realidad esa es la mejor parte, porque tenemos permiso para volar bajo —dijo Amanda Kirby.

—¿Y qué tan bajo pueden volar?—exigió Billy desconfiado.

—Bueno, no soy un experto en aviación, pero nadie puede bajar más que nosotros—dijo con rapidez Paul Kirby y con una amplia sonrisa.

—Básicamente, entiendo que es hasta donde queramos—contestó Amanda.

—Na... eso es difícil de creer—discrepó Alan para beber un trago de cerveza.

—Doctor Grant... en mi trabajo empresarial, de importaciones, exportaciones y tratos comerciales, me he hecho de amigos bien ubicados, en este caso, el gobierno de Costa Rica—quiso persuadirle Kirby, Alan titubeó y siguió bebiendo cerveza.

—Doctor Grant, no sabe lo importante que es para nosotros que nos acompañe, no sería lo mismo sin usted—suplicó la señora Kirby, Billy sonreía avergonzado y limpió su sonrisa rascándose la nariz.

—Señora Kirby yo... no—quería decir algo Alan con un gesto de disgusto y absoluta incomodidad.

—Y además nos encantaría colaborar con sus investigaciones, así que—Kirby sacó su chequera y Amanda abrió grande los ojos de emoción—escribiré lo que usted me diga en este cheque doctor Grant... ¿y? ¿Cuánto quiere?—ofreció Kirby, un nudo se ató en la garganta de Alan y muchas mariposas volaron en su vientre... fue como volver a estar enamorado... "¿Diez mil, cuarenta mil o noventa mil dólares? Tranquilo Alan, tranquilo". Alan miró a Billy y este tragó saliva ansioso.

—¿Qué tal unos cien mil dólares?—propuso Grant, como poniéndolo a prueba. Algunos miraron a la mesa con curiosidad.

—¡Perfecto! Cien mil entonces—aceptó Paul con mucha ligereza.

—Espere un poco, necesito hablar con mi colega—pidió Grant y se llevó a Billy a un costado del bar, casi afuera.

—¡Cien mil dólares! Maldita sea doctor, es mucho dinero—soltó Brennan emocionado.

—Tranquilo Billy, no todo lo que brilla es oro ¿tienes internet en tu computadora para verificar esta información?—preguntó Alan.

—Sí doctor, pero tengo muy mala señal—dijo Billy.

—Bien, revisalo. Hasta que no sepamos eso, les diremos que lo pensaremos—decretó Grant y regresaron a la mesa.

—Señor Kirby, de momento no podemos confirmarle nada, debemos organizar algunas cosas—rechazó Grant, Paul y Amanda se miraron.

—Doctor Grant, es que... viajamos mañana, ya está todo listo, no podemos esperar más—soltó Kirby, Grant apretó los labios ansioso.

—Bien... aceptamos—dijo Alan y Billy suspiró aliviado.

—¡Excelente! Hagamos un bridis por eso—celebró Paul y chocaron sus jarras.

De regreso al hostal donde alojaban, Grant le insistió a Billy que investigara a los Kirby.

Brennan buscó "Paul Kirby" en el portal de Internet en su computadora y le salió una lista de resultados, la primera fue "Pinturas Kirby" con un logo, sin ninguna foto de los Kirby. Otro resultado, una página que decía "Álbum de nuestros viajes", aparecían los Kirby en dichos lugares, una en el Nilo, otra en Galápagos y otra en el K2.

—Doctor Grant, es verdad, estos tipos no mintieron—informó Billy y Grant asintió conforme. Pero las fotografías fueron trucadas por un vendedor que trabajaba en una tienda al frente de la ferretería de Paul, un buen amigo suyo... Kirby no dejó ningún detalle al azar.


Capítulo 11.

Sorna.


El jet bimotor alquilado, modelo Super King Air 200, despegó de un aeródromo y surcó los cielos azules sobre el océano Pacífico en la costa oeste de Costa Rica. 

La compañía que lo hizo fue Beechcraft y sus especificaciones eran las siguientes:


• Configuración de la cabina: Cockpit estándar del instrumento.

• Asientos: de 5 hasta 11.

• Número de cola: N622DC

• Tipo de motor: Pratt & Whitney PT6A-60A 1,050 shp

• Velocidad de crucero: 315 kts, 363 mph, 583 km / h

• Techo de servicio: 35,000 pies, 10,668 m.

• Longitud: 46.7 pies, 14.23 m

• Altura: 14.3 pies, 4.36 m


El sargento Michael Nash pilotaba junto a Udesky, detrás de ellos Paul y Amanda, enseguida Billy y Alan y detrás de él, Cooper, sentado al final, andaba con unas gafas oscuras y parecía trasnochado y con caña, tendía a cabecear un poco... tal parece se fue de juerga la noche anterior, como si nunca más lo fuera repetir en su vida.

—Esa mochila Billy... con lo que te pago ¿no puedes comprar una mochila mejor?—le reclamó Alan, se le notaba muy tenso y nervioso, Billy sonrió.

—De ninguna manera, es de la buena suerte... esta mochila es especial... me salvó la vida. Una vez escalábamos en Nueva Zelanda, en un murallón de piedra... y una ráfaga de viento me dio tan fuerte, que me hizo chocar contra la roca—narraba Billy.

—Eso no suena como de buena suerte—bromeó Alan escéptico.

—Esta simple correa, se enganchó en una rama gruesa cuando caía—relató con brevedad Billy, con cierta nostalgia.

—Ah entiendo... darwinismo a la inversa "La supervivencia del más idiota"—tiró en chiste Alan.

—Solo quiero darle las gracias por traerme—expresó Billy.

—Los huesos estarán ahí cuando vuelvas, eso es lo mejor, los huesos no huyen—se le acercó—lo que si es seguro... es que tú me metiste en esto y no tengo la menor intención de quedarme solo con estas personas—susurró Alan un tanto preocupado—no te emociones demasiado Billy, quizás no veas nada, ahora comienza a socializar. Despiértame cuando lleguemos—y entonces se cubrió el rostro con el sombrero para dormir y así relajarse un poco.

—¿Dónde conoció a los Kirby?—preguntó Billy al hombre sentado atrás, este pensó dos segundos.

—En la iglesia—dijo sin más Cooper, sin sonreir y con mucha liviandad.

Cuando se perdían entre las nubes... Alan sintió un hedor extraño... sonidos conocidos... abrió los ojos, no había nadie pilotando el avión... ¿estaba en piloto automático? "Alan", miró a su lado.... allí estaba... un raptor mirándole. Alan dio un salto... era Billy que le tocaba el hombro.

—Alan, despierte, ya llegamos—avisó Billy.

Alan soltó una sonrisa nerviosa y miró por la ventanilla.

El jet atravesó la columna de nubes y se desvió rumbo a Sorna.

"Aeronave no identificada acercándose a la isla Sorna, este es el aeropuerto de San Juan, está volando sobre un espacio aéreo restringido, cambie su ruta de vuelo inmediatamente, repito... ", alcanzó a decir el controlador de tráfico aéreo antes de que Udesky apagara la radio.

El avión se aproximó a la isla por su lado Oeste, pasó por encima de un arrecife y una gran roca... sí, era el mismo lugar en donde fue el accidente de la lancha. Cruzó por una serie de montañas y colinas verdes volcánicas, similares a los que hay en ciertos ranchos de Kauai (Hawaii), además de bosques de árboles nativos... Amanda asomó la vista por una ventanilla y vio un río en una selva verde... el avión sobrevoló un bosque de árboles de tronco fino y sobre un claro abierto y de hierba verde chillón...

En un rincón... un rebaño de dinosaurios de pico de pato y crestados.

—Dios, lo había olvidado—dijo Alan y Billy soltó una carcajada de júbilo.

Los Coritosaurios y los Parasaurolophus corrían a toda velocidad cubriendo varios kilómetros de distancia sobre la campiña, asustados por los motores del avión, similares a vacas gigantes y verdes que son correteadas en un rancho enorme... también algunas familias de Estegosaurios y los inmensos Brachiosaurios... Billy siempre había querido verlos vivos, estaba cansado de ver rocas y escuchar las historias trágicas de Alan y su desprecio a estos animales creados por InGen... ahora podría anotar sus propias impresiones, escribir su propio libro, así que sacó su cámara y fotografió lo que más pudo por la ventanilla, serían un buen archivo fotográfico para su libro... tal vez con la venta de esas fotos podría recaudar algo de dinero.

—Bien, lo logramos—le susurró Paul a Amanda, esta asintió.

—¡Cooper, si ves algo avísanos! ¿Sí?—pidió Udesky, suponiendo que Cooper estaba algo trasnochado y aturdido.

—¡No, lo mantendré en privado!—bromeó Cooper molesto.

—Jaja... ahí adelante hay una manada de brachiosaurus y su macho alfa guiándolos—comenzó Alan su tour privado.

—Udesky, Nash ¿qué hay al frente, alguna novedad?—preguntó Paul.

—Aún nada señor Kirby—dijo Udesky.

—¡Jajaja por favor! Mire señora Kirby, ahí hay un grupo de triceratops... —identificó Grant antes de ser interrumpido.

—Señor Kirby, ahí adelante hay espacio libre ¿quiere que aterrice ahora?—preguntó Nash, el piloto.

—No, no, no... primero quiero dar vueltas en círculos y recorrer toda la isla—corrigió Paul.

—¡No pueden aterrizar en la isla! ¿De qué están hablando?—les interrogó Alan asustado.

—Tranquilícese doctor Grant—se limitó a decir Paul Kirby.

—¡No pueden aterrizar en la isla!—gritó Alan con mucha fuerza.

—Sí doctor Grant, tranquilícese—repitió Paul Kirby, Amanda repetía lo mismo nerviosa.

—¡Maldita sea! ¡¿Están locos?! ¡No aterricen!—gritó Alan poniéndose de pie y corriendo a la cabina de pilotaje en un acto desesperado por agarrar el timón y desviar el avión, en eso, Cooper se levantó, sacó su pistola y le plantó un chachazo en la nuca a Grant, noqueándolo... Kirby alcanzó a sujetarlo antes de cayera al suelo. Billy se incorporó y le dio una patada por la espalda a Cooper, con la leve esperanza de desarmarlo, este recuperó el equilibrio y le apuntó con la pistola.

—Tranquilo... me rindo—dijo Billy levantando las manos y volvió a su asiento.

Nash bajó la velocidad y aterrizó poco a poco sobre un aeródromo abandonado. Los motores se detuvieron. Todo parecía en paz... solo se oían cantos de pájaros y el viento que soplaba sobre las hojas de los árboles. Bajaron del avión y el calor les golpeó directo en las caras.

—¡Qué calor hace aquí!—se quejó Kirby, Amanda se secó el sudor de la frente.

—Bienvenido al Caribe—dijo Cooper cargando su gran rifle.

Udesky sacó un megáfono y se lo entregó a Paul.

—Toma amor, llámalos—le aconsejó Paul entregándoselo a Amanda.


Capítulo 12.

¡Eso no es una buena idea!


"¡Eric, Eric, Ben, Eric!", se oían los gritos de Amanda Kirby desde un megáfono. Alan despertó y vio a Billy agachado cerca de él. 

—Billy, dime que no aterrizaron—imploró Alan aterrorizado.

—Creo que están buscando a alguien—dijo Billy.

—No puede ser—susurró Grant y se levantó. "Otra vez lo mismo, estúpidos lunáticos, moriremos en dos segundos si no nos vamos, la lista de InGen decía 18 raptores y 6 t-rex, espero que este avión no termine igual que el auto donde iban Lex y Timy", repasaba Alan en su mente esos terribles recuerdos.

Fuera del avión, Nash le ajustó un chaleco de protección a Cooper, el que sostenía el "Cuerno de hierro" y corrieron a la selva.

—Doctor Grant, doctor Grant—le saludó Kirby ansioso al verle bajar por la escalinata.

—¿Quién me golpeó?—preguntó Alan molesto.

—Sí doctor Grant mire—dijo Kirby intentando calmarlo.

—¡¿Quién me golpeó?!—mantuvo Grant alzando la voz.

—Ah este... Cooper—indicó Paul al ex boina verde que se perdía en la jungla, esquivando unas ramas de palmera.

—¡Hey! ¿Qué creen que están haciendo?—demandó Alan.

—Están haciendo un perímetro para que estemos más seguros—explicó Kirby, mientras Amanda no dejaba de gritar por el megáfono.

Cooper avanzó por un bosque de selva tropical y de hierba alta... se quedó inmóvil y estudió el entorno... frente a él, había una especie de agujero en el barro, habrá tenido 4 metros de diámetro... y se asomó a mirar... parecía un gran nido... estaba vacío, solo habían cáscaras de huevos, recordaba mucho a los nidos de los cocodrilos. Sintió el crujir de ramitas... al girarse, fue emboscado por un pequeño dinosaurio de un metro de alto por cuatro de largo, era verde con rayas plateadas y tenía una aleta colorada en el lomo... alcanzó a darle un zarpazo en el brazo izquierdo, Cooper tomó distancia y le disparó con su pistola en la cabeza varias veces, dándole muerte... el desdichado reptil cayó a tierra.

—¡Vaya manera de empezar la travesía! ¡Oigan miren esto!—festejó Cooper llamando a Nash y Udesky, se acercaron para ver.

—El maldito me arañó el brazo. Imagina Nash una maleta de este cuero jajaja—bromeó el ex soldado y Nash se rio también.

—Es una cría Cooper—dijo Udesky temblando.

—Sí ya lo sé ¿y eso qué?—preguntó Cooper pateándole la cabeza para ver si estaba muerta.

—Que sus padres no deben estar lejos—advirtió Udesky.

De vuelta al avión.

—¡¿Qué?! ¿Un perímetro? Señor Kirby, en esta isla, ninguno de nosotros está seguro, hay que subir al avión y por el amor de Dios ¡Dígale a su esposa que deje de gritar! ¡Hacer eso no es buena idea!—le ordenó Grant, Kirby le miró con ese aire de ingenuidad, pero sentía una verdadera admiración y respeto por Grant y recordó que él era el más experimentado en esta clase de entornos, así que le hizo caso sin vacilar.

—¡Amanda! ¡Amanda cariño, el doctor Grant dice que eso no es una buena idea!—le gritó Paul desde el avión, Amanda no paraba de gritar.

—¡¿Qué?!—respondió ella con un grito al girarse, Grant la maldijo en silencio.

—¡El doctor Grant dice que eso es una mala idea!—gritó Paul haciéndose eco con la mano.

—¡¿Qué es una mala idea?!—preguntó Amanda cuando un bramido aterrador tronó desde la selva... todos quedaron silencio y pasmados.

—¿Un tiranosaurus?—preguntó Billy.

—No... sonó como algo más grande—advirtió Grant tragando saliva.

De improviso, Nash y Udesky salieron corriendo de entre los arbustos.

—¡Tenemos que irnos, tenemos que irnos!—gritó Udesky muerto de miedo.

—¡Al avión, todos al avión!—dijo con voz temblorosa Nash corriendo a toda velocidad, casi como si se hubiese topado cara a cara con el Diablo y subió corriendo por la escalinata hacia la cabina... encendió los motores de las hélices.

Todos subieron por la escalinata al costado de Udesky que esperaba para cerrar la portezuela.

—¡Oiga espere! ¿Y el otro tipo? ¿Lo dejarán aquí?—preguntó Billy.

—Cooper es un profesional—respondió Udesky y se oyeron dos tiros en la selva, ellos miraron hacia el bosque, pero no vieron nada—¡suban!—les empujó.

En el bosque... Cooper cargaba el rifle semiautomático con el brazo derecho, vio a la gigantesca hembra persiguiéndolo a través de los árboles y le apuntó, no podía sujetar bien el arma, le tiritaba el brazo izquierdo y se le escaparon dos tiros que no dieron con la bestia, estallaron más allá levantando dos columnas de tierra y polvo.

El jet tomó velocidad con las turbinas al máximo, Nash vio hacia adelante a menos de un kilómetro y tenía una colina inmensa que le obstaculizaba el despegue... así que avanzó hacia a ella para ganar pista y viró la aeronave hacia el otro lado para despegar... sí, esa parte miraba hacia la costa Oeste y estaba despejada.... aceleró a fondo, todos quedaron pegados a los asientos.

—Paul—le habló Amanda.

—Tranquila, todo estará bien, rodearemos la isla—le calmó él.

El avión empezó a tambalearse, se acercaba a la velocidad correcta para despegar.

Hasta que Cooper salió de entre la hierba alta e irrumpió en la pista del aeródromo, se afirmaba el brazo izquierdo, sangrante.

—¡Oigan, alto!—gritó agitando la mano derecha... ya no era ese tipo rudo de cabello peinado hacia atrás y con gafas de sol... las lágrimas le corrían por las mejillas, porque sentía los pisotones de la hembra que venía... Cooper sabía que Nash no frenaría y pensó en cruzar la pista y meterse al otro lado de la selva, para ocultarse...

—¡Es Cooper!—dijo Alan sin pensar.

—¡Quítate de ahí vamos, sabes que no puedo detenerme!—reclamó Nash afirmando el timón con fuerza.

La hembra Espinosaurus entró a la pista y Cooper corrió... si tal vez lo hubiese hecho más rápido o minutos antes, habría logrado huir de sus poderosas fauces, pero le sorprendieron por emboscada...

—¡Demonios!—exclamó Nash y levantó la nariz al máximo, en una posición casi vertical... superó el nivel del suelo por seis metros, pero las hélices de la turbina izquierda rozaron el lomo y la aleta de la hembra hiriéndola de gravedad... y causándole la muerte. El chasis y las ventanillas se llenaron de sangre por doquier.

El jet siguió avanzando y Nash y Udesky vieron el bosque más abajo.

—¡Nos vamos a estrellar!—gritó Udesky.

—¡Corta el paso del combustible!—le gritó Nash.

—Eso haré—obedeció Udesky y eso les salvó de explotar, a medida que el avión atravesaba las ramas de los árboles, partiéndose el tren de aterrizaje, las alas, el ala dorsal... como un gran ave que caía derrotada...

y quedó recostada sobre una gran rama de 50 cms de diámetro, como una viga de madera... silencio...

Nadie quedó inconsciente... se quitaron los cinturones... Nash tenía los ojos cerrados y sentía que el corazón se le iba a salir del pecho... imaginó lo peor y estaba muerto de miedo, cualquiera lo estaría con esa gigantesca cosa que salió de la selva.

—¿Están bien?—preguntó Kirby abrazando a Amanda.

—Aquí estamos bien. Pero nadie se mueva, quietos—precavió Udesky—¡Torre de San Juan, mayday, mayday, mayday, mayday! La radio no funciona—dijo a Nash.

Todos se movieron pero muy lentamente, midiendo todos sus pasos... Alan fue hacia la puerta y giró la manilla... empujó un poco la portezuela y vio hacia el vacío... siete metros en caída libre.

—No hemos aterrizado—dijo Alan con ironía.

—Por favor, basta, nadie se mueva, el avión puede perder el equilibrio y resbalar—les retó Udesky y todos regresaron a sus asientos y se quedaron quietos.

—¡¿Quién tiene el teléfono?!—demandó Nash inquieto.

—Ah aquí está—Kirby le entregó el teléfono satelital amarillo.

—No, maldita sea, no no puede ser—se quejó Nash escuchando una promoción y acercándole el teléfono a Udesky, este meneó la cabeza.

Una silueta cocodriliana se vio a través del parabrisas, Amanda se percató y gritó golpeándole los hombros a Paul.

—Shh basta, no grites, no grites—le pidió Paul. Nash y Udesky miraron a Amanda y luego el parabrisas en un parapeadeo de ojos... no había nada.

De pronto, todo tembló y el avión se sacudió, Nash y Udesky gritaron aterrados. El avión se inclinó hacia adelante y la cabina de pilotaje de 5 metros de largo, salió volando, arrancada por las garras de un monstruo y tronó en la tierra. Nash se guardó el teléfono satelital en un bolsillo de la chaqueta. Los pilotos corrieron hacia atrás... el enorme y largo hocico oscuro entró por la cabina del jet, Nash tropezó con Amanda y cayó sobre ella... los colmillos gruesos como pernos y afilados como navajas se clavaron en los muslos de Michael Nash y tronaron los huesos... Nash gritó aterrorizado y salpicó una gota sangre a Amanda... el Espinosaurus macho lo jaló hacia afuera... lo sacudió de acá para allá en el aire, como hacen los cocodrilos y varanos... Nash se le soltó del hocico y dio contra el suelo cinco metros abajo. Nash rebotó sobre unas plantas y se arrastró por el barro... le alcanzó la pata del Espinosaurus y con las fauces, le arrancó la mitad del cuerpo, separando su columna vertebral y esparciendo sus tripas por la tierra... el depredador sostuvo entre sus dientes el tronco superior de Nash con los intestinos colgando, abrió el hocico y botó lo que quedó de él, no se lo comió. Miró a sus compañeros... los pasajeros quedaron perplejos sin saber qué hacer... y Espinosaurus bramió con mucha fuerza... el chasis, antes de 14 metros de largo, ahora de 9 metros, resbaló por la rama y se estrelló siete metros a los pies del árbol... no era tanta altura tampoco, pero la cola se abolló, no tanto como para herir a los sobrevivientes.

El jet se desplomó y rodó un poco. Todos quedaron algo aturdidos... sin previo aviso, un golpe seco en el chasis... y rodaron como un futbolista que patea un balón... giraban por el aire como muñecos de trapo... y chocaron contra el tronco de otro árbol. Amanda escuchó que el terópodo venía de nuevo y salió corriendo.

—¡Amanda no!—gritó Paul, Alan fue tras ella y le abrazó.

—¡No, no, no!—gritó Amanda fuera de sí.

—¡Amanda!—le llamó Paul fuera del chasis y vio al gigante de siete metros de alto frente a él y volvió al interior, Alan metió a su mujer dentro nuevamente.

Espinosaurus dejó caer sus pesados brazos encima del chasis y lo trajo así mismo, Amanda cayó encima de Alan y se agarró de su cintura... entonces, Espinosaurus pisó con toda su fuerza, descargando sus 10 toneladas y aplastando el esqueleto de metal como quien pisa una caja de cartón, parecía una trituradora de automóviles, el metal rechinó y estallaron todas las ventanillas y los vidrios volaron por todos lados. La pared se partió y la punta del hocico ingresó. Paul, Billy y Udesky cruzaron el avión y salieron junto a Amanda y Alan... corrieron por el bosque... el macho los vio y les persiguió.

Salieron a un claro de césped largo... cruzaron por otro bosque y el persecutor quedó atascado entre dos troncos... bramió frustrado.

Alan, Amanda, Paul, Billy y Udesky se refugiaron entre unos matorrales, un sendero oscuro... jadeaban, suspiraban y transpiraban...

—Lo evadimos—soltó Grant y corrió unas matas de bambú con la mano... un gran cadáver de Parasaurolophus, todos saltaron del susto.

—Calma, está muerto—dijo Alan... sonó el gruñido de un cocodrilo gigante... un enorme hocico verde con amarillo emergió detrás del cadáver... un tiranosaurus rex, un subadulto, apodado por los empleados de InGen como "Bull green" o "Toro verde".

—Que nadie mueva un músculo—susurró Grant, rex olfateó y bramió, todos saltaron del susto y desaparecieron como lagartijas.

—Dios—escupió Alan y corrió tras ellos. El rex se incorporó y avanzó... no les seguía a ellos, sino a un hedor diferente.

En un espacio abierto en el bosque, le esperaba el Espinosaurus apretando los dedos de las patas. Rex bramió amenazante, quería expulsarlo de su territorio, esto nunca había pasado, sus territorios estaban separados por varios kilómetros, esta ocasión era anómala. Amanda empujó por accidente a Grant y él tropezó con dos troncos botados, quedando en medio de estos, Rex puso la pata sobre los dos troncos y Grant gritó pensando que iba a morir... Espinosaurus bramió furioso, como reclamándole por obstaculizar su tarea, su venganza y le asestó un zarpazo en el hocico, como quien dice "¡Quítate de mi camino!", el rex se cabreó y le agarró por el pescuezo con sus fauces... empotrándolo en el barro... lo levantó y le estrelló contra un árbol, derribándolo... el Espinosaurus macho se irguió y se libró de su rival, le lanzó dos zarpazos más, rex, que era algo más pequeño y ágil, lo esquivó y haciéndose para atrás, retomó la carga y le dio un topetazo con el hombro, un "Cuerpo a cuerpo", Espino le dio otro zarpazo en el muslo izquierdo, el t-rex tomó vuelo y le descargó un inmenso cabezazo... Espinosaurus cayó medio aturdido... rex le daría el mordisco de gracia, cuando Espino se volteó y le plantó un coletazo en la cabeza, rex perdió el equilibrio... Espinosaurus le cerró las mandíbulas en el cuello y le azotó en tierra... le arrancó parte del cuello, revelando los músculos rojos y brotó de él un charco de sangre. Esta batalla duró casi media hora... la que los supervivientes aprovecharon para huir y tomar ventaja. Espinosaurus reposó sobre el cuerpo del tiranosaurus y bramió triunfante... no obstante, no se lo comió.


Capítulo 13.

¡Me debe una explicación!


—¡Usted, venga, venga para acá! ¡Le gusta secuestrar a la gente! ¡¿Verdad?!—Paul corría de Alan cuando le perseguía, hasta que le alcanzó y le clavó los nudillos en la mejilla, el puñetazo fue tal, que Paul Kirby cayó de espaldas, tropezando con un árbol y se sujetó de unas lianas.

—No por favor, no lo golpee, espere—le rogó Amanda atravesándose.

—¡Me debe una explicación, señor Kirby!—exigió Grant sobándose la mano.

—Se lo juro, hicimos lo que pudimos, no querían ayudarnos. ¡Con un demonio! Un tipo de nuestra embajada ¡de nuestra propia embajada! Me dijo por teléfono que debía aceptar lo inevitable ¡¿puede creerlo?!—narró Kirby furioso, a lo que Grant y Billy contemplaban la foto de Eric en su billetera.

—¿Dejaron que un niño de doce años viniera solo?—preguntó Billy incrédulo.

—¡¿Qué?! ¡Claro que no!—exclamó Paul Kirby molesto.

—No, no, no vino solo, vino con un amigo—dijo Amanda.

—Ben Heildebrand—mencionó Kirby.

—Paul y yo nos divorciamos hace un año—confesó la mujer.

—Ah... ¿y por qué me raptaron a mí?—regañó Alan.

—Porque Udesky dijo que debíamos traer a alguien que ya hubiera venido, un guía experto—dijo Paul.

—Pero maldición... yo jamás les dije que lo secuestraran—se defendió Udesky con las manos a la cintura.

—¿Yo? ¿Habla de mí? ¡Yo nunca, jamás había estado en esta isla! ¡¿Por qué no fueron por el imbécil de Malcolm o no sé... Roland Tempo?! ¡El maldito cazó a un tiranosaurus, por el amor de Dios!—exclamó Grant enrabiado.

—¡Claro que sí! ¡Hasta escribió un libro, mi hijo lo tiene, maldita sea!—contestó Paul.

—Sobre la isla Nublar, esta es la isla Sorna, la zona B... ¡Diablos, esto es tan estúpido!—aclaró Billy incrédulo sujetándose las sienes con una mano.

—Espera, espera... entonces ¿hay dos islas con dinosaurios?—consultó Udesky extrañado.

—¡Ah usted cierre la boca!—le gritó Paul, Udesky se volteó rechinando los dientes.

—¡Basta! ¿Hace cuánto desaparecieron?—preguntó Grant.

—Dos meses... sí, dos meses—recordaron Paul y Amanda.

—Billy, ven, primero iremos al avión a buscar nuestras cosas, luego iremos a la costa, haremos una señal con la ropa y esperaremos a que alguien nos vea, si es que alguien viene. Es mejor estar en la playa, lejos del centro de la isla, lejos de los carnívoros—determinó Grant.

—¡Doctor Grant! No nos iremos de esta isla sin nuestro hijo—declaró Paul Kirby y Amanda le tomó del brazo.

—¡¿Ah sí?! ¿Y ustedes jugarían que sigue vivo después de dos meses? Pues entonces, vayan por él... o sigan con nosotros... como sea, dudo mucho que salgan vivos de aquí—aconsejó Grant con un aire de ironía, como subestimándolos en exceso. Grant y Brennan se fueron por un sendero.

—Disculpe, señor Udesky por cómo le hable—pidió Kirby.

—Ah, no importa—olvidó Udesky.

—¿Y? ¿Qué haremos? ¿Qué sugiere?—le preguntó Paul.

—Buscar a su hijo, en la misma dirección que ellos—aconsejó Udesky.

—¡Excelente, vamos!—felicitaron Paul y Amanda y les siguieron.


Capítulo 14.

Los raptores.


Decenas de parasaurolophus y coritosaurus pastaban junto a los estegosaurios y los enormes brachiosaurus. Rodeados por familias de gallimimus que además de alimentarse de hierba baja, siempre estaban atentos a cualquier huevo o cría distraída para devorarla, eran omnívoros, recordaban como a los funcionarios del aseo público que limpian todos los sobrantes... 

Cuando los gallimimus, grandes como avestruces reptiloides, se descuidaron, un grupo de diminutos procompsognatus se lanzaron a los nidos y rompieron las cáscaras, uno de ellos fue sorprendido por una gallimimus adulta que le capturó y le partió el cuello con su pico afilado, los otros chirriaron y corrieron. Los procompsognatus seguían el ciclo alimenticio y se comían los huevos y a las crías de los gallimimus y estos a su vez, también devoraban a los compis, eran competidores en la cadena trófica.

El resto de los gallimimus esperaban la oportunidad de descubrir un nido desprotegido... y la hallaron, entraron a una nidada y sacaron los huevos empujándolos con los picos y les rompieron las cáscaras, se tragaron los fetos aún en proceso.

Frente a ellos, un bosque... la gallimimus alfa levantó la cabeza para vigilar el entorno... una vocalización desde el bosque claro y la gallimimus salió corriendo a la velocidad de una lagartija... antes de la respuesta muscular de los gallimimus, un raptor negro con gris salió del bosque claro y les persiguió, los gallimimus se internaron en el bosque del otro lado, el bosque oscuro y allí... les sorprendieron los demás raptores liderados por la hembra alfa, verde claro con franjas negras... acorralaron a uno de los ornitomímidos, la hembra le mordió el cuello y los otros le saltaron y le cercenaron con las garras curvas de sus patas, esparramando las tripas tibias y azules... los raptores mascaron y se tragaron todo con mucha prisa, pelearon entre ellos dándose muchos mordiscos.

Sí, los raptores cazaban a los gallimimus, así se mantenía el equilibrio ecológico de ese pequeño ecosistema. Y ese era día de caza, los raptores, ya satisfechos y con los hocicos empapados de sangre, regresaron a su nidada... se echaron a dormir una siesta... pero la hembra alfa notó algo extraño, un aroma distinto... examinó su nido y cayó en cuenta... faltaban dos de sus huevos. Siseó con fuerza y todos los raptores despertaron y se agruparon atentos, como una fila de soldados de un pelotón. La hembra mandó a uno de ellos seguir el rastro del aroma extraño, este acató y emprendió la carrera, bajando la colina.


Capítulo 15.

El laboratorio.


A los pies de la colina, Alan, Billy, Amanda, Paul y Udesky contemplaron el complejo que incluía la villa de los trabajadores y la Administración de Embriones, mucha gente vivió allí, ya que era muy costoso traerlos en barco desde tierra firme.

—Eric debe estar ahí, apostaría lo que fuera—dijo Paul y bajó con mucha prisa, Alan tomó aire y le siguió.

—¿Qué cree que sea?—preguntó Brennan.

—A mí me parece un hotel de lujo—valoró Udesky y todos bajaron por la colina.

Alan corrió unas hojas grandes y húmedas por el rocio, que chocaron en la frente de Paul, una camioneta abandonada con la ventanilla del copiloto destrozada, Alan se asomó por ella y retomó la marcha.

Vieron un edificio viejo y muy sucio que decía en un letrero grande "Embryons Administration" y en la fachada, tres cuatrimotos que llevaban el logo "Masrani Global".

—Están limpias, hay alguien aquí—dedujo Billy.

Entraron... la recepción estaba llena de tierra, polvo y plantas, Amanda vio un teléfono y lo levantó... sin señal.

—La energía geotérmica—susurró Alan y avanzó hasta la radio, Billy y Udesky le ayudaron e intentaron encenderla. La radio crepitó y Billy buscó alguna señal... Los Kirby les miraban expectantes.

—Aquí central Masrani Global—respondió el controlador.

—¡Sí, estamos en Isla Sorna y necesitamos que alguien venga a rescatarnos! ¡Por favor!—pidió Billy.

—¿Sus coordenadas?—preguntó el controlador. Billy y Alan se miraron.

—Estamos en la villa, la de los trabajadores, en el centro de la isla—intervino Alan.

—Bien, enviaremos el barco, les esperará en la costa suroeste, bajando por el río—prometió el receptor, todos se vieron las caras emocionados.

Siguieron avanzando por los pasillos sucios... encontraron tres máquinas surtidoras de comida.

—¿Quién tiene monedas? No, no acepta billetes, tengo un dólar, un dólar y diez—Kirby se revisaba los bolsillos, cuando Billy reventó el vidrio de una patada, Amanda soltó un grito del susto, Billy sacó chocolates y les repartió. Paul quedó pensativo y trató de imitar a Billy, pero le salió mal la jugada y se dobló el tobillo.

Ante ellos brillaban las cúpulas de vidrio de un gigantesco laboratorio de genética. Bajaron por la escalera de una plataforma. También habían incubadoras y dentro de ellas, fetos de dinosaurios conservados en formol de disolución del 5% en agua, para evitar la descomposición... uno de los fetos era de Monopholosaurus, otro de Maiasaurus... otro vacío que decía "Espinosaurus".

—Aquí empezó todo—susurró Alan.

Más allá, otro de mayor tamaño, un estanque con dos fetos de mosasaurus.

—¿Aquí es donde fabricaban a los dinosaurios?—preguntó Amanda levantando una cáscara.

—No... aquí es donde ellos pretendían ser Dios—contestó Alan meneando la cabeza en desaprobación. Billy tomó fotografías y Paul pisó una cáscara.

—¡Oigan! ¡¿Quiénes son ustedes?!—les enfrentaron tres sujetos con delantales blancos, tenían solapas que decían "Masrani Global", uno de ellos les apuntó con un rifle. Los intrusos se quedaron quietos.

—¿Masrani Global?—preguntó Alan.

—¿Quién rayos son ustedes?—exigió el científico.

—¿Henry Wu?—identificó Alan.

—¿Alan Grant?—reconoció el genetista.

—Tú no te cansas de hacer estupideces ¿verdad?—le increpó Grant.

—¿Y ustedes qué hacen aquí?—demandó Wu.

—No ¡¿ustedes qué hacen aquí?! La ley de Guardia Genética prohíbe los experimentos con dinosaurios—le encaró Billy Brennan.

—¡No haga acusaciones apresuradas jovencito!—le corrigió Wu.

—Él tiene razón, algunos de estos animales no están en la lista de InGen, ustedes crearon al Espinosaurus—les expuso Alan.

—¡Cierre la boca doctor Grant!—le gritó Wu.

—¡Espero que tú y tus amigos terminen en las entrañas de un dinosaurio!—le gritó Alan furioso.

—Doctor Grant ¿qué se siente que Ellie Sattler esté casada con otro hombre?—preguntó con crueldad Henry Wu.

—Nada especial. Oiga señor Wu... no tengo nada contra usted, pero creo que nunca debió salir de Nublar con vida, su existencia no tiene ningún propósito relevante—le maldijo Grant.

—Sí, lo mismo digo—le contra maldijo Wu.

Amanda Kirby se quedó tiesa al ver una incubadora... la cabeza de un dinosaurio... parecía muerto, hasta que entornó el ojo y sacando la cabeza, le lanzó un tarascón, Amanda dio un grito y chocó contra un pilar, los hombres se voltearon a ver y el raptor saltó sobre uno de ellos, el del rifle y le mató. Wu y los otros dos salieron por una ventana. Los demás emprendieron la huída por los pasillos de los criaderos.

El raptor macho les siguió en la carrera. Udesky, Paul y Grant se encerraron en una jaula y Billy y Amanda abrieron una reja y el raptor les empujó y encerró en el rincón. Udesky, Paul y Alan le gritaron al raptor para distraerlo, pero no les hizo caso... el animal escaló por la reja para meterse en el rincón y cazar a Billy y Amanda.

 —¡Empuja!—gritó Amanda y Billy le ayudó y empujaron la reja a la inversa, dejando encerrado al raptor y este emitió una vocalización de ayuda. Todos enfilaron por otro pasillo a la salida.

—Por Dios. Está llamando a los demás—dedujo Alan.

—¡Vamos!—le instó Paul tironeándolo del brazo y se fueron.

Montaron las cuatrimotos, Billy y Amanda en una, Udesky y Paul en otra y Alan en la última y aceleraron por un sendero hacia la selva. El dromeosaurio se libró y salió del edificio, produjo otra vocalización de alarma, cerca de allí, la manada de raptores se sobresaltó y desataron la persecución.

Los motociclistas irrumpieron en la serena manada de parasaurolophus y coritosaurus que pastoreaban en una pradera, un parasaurus juvenil que pastaba brincó asustado y enseguida los demás... estalló la estampida y todos los animales corrieron a la par, en verdad parecían vacas gigantes que huían de un ganadero, el parasaurus alfa empujó a un coritosaurus de menor tamaño que se le atravesó, las cuatrimotos saltaban y rebotaban en la pradera, Billy perdió el equilibrio y cayeron de la moto con Amanda, se levantaron y siguieron a pie, Billy dejó botada la lonchera negra, Alan se detuvo para recogerla y vio a una bandada de pájaros blancos que volaron hacia los árboles.

—¡A los árboles!—gritó Alan e hicieron caso, Udesky también cayó y fue a pie. Una pareja de raptores machos cruzó la pradera.

Paul y Amanda escalaron por las raíces de un árbol. Billy se ocultó a los pies de otro árbol, Alan se agachó detrás de un viejo tronco y Udesky llegó a un claro y sintió un siseo frente a él... era un raptor, Udesky desenfundó su pistola Glock y le vació el cargador dándole muerte... dos raptores más le rodearon... Udesky revisó su pistola... sin balas, agarró entonces una rama.

—¡Los quiero de a uno!—les desafió Vladislaw Udesky con su acento polaco, la hembra alfa vio a su soldado caído y dio la orden al otro para atacar a Udesky.

—¡Ven maldito!—gritó Udesky antes de que el macho beta saltara sobre él, la víctima cayó boca abajo y el macho le rajó la espalda con la enorme garra de su pata.

Billy se detuvo al toparse con un macho distraído y se ocultó en unas ramas, pasando desapercibido. A continuación, vio a Kirby que e hacía señas, Billy subió el árbol y les hizo compañía.

—¿Y Alan?—preguntó Billy.

—Ay no ¡Señor Udesky!—gritó Amanda al verlo desde la cima del árbol.

—Tenemos que ayudarlo—dijo Paul.

—¡No espere, algo está mal!—le gritó Billy, Amanda se colgó de una rama que se partió y resbaló, quedando colgada de las piernas enrrolladas de una gran rama... Paul y Billy la rescataron antes de que la hembra alfa y el macho beta, que salieron de un escondite, dieran unos increíbles saltos de tres metros de altura y le atajaran desde abajo a tarascones.

—Era una trampa, ellos nos tendieron una trampa—dijo Billy.

Alan que se escabullía entre unos matorrales... se asomó por unas raíces y vio a una pareja de machos, uno vocalizaba.

—¿Qué estás diciendo? ¿Qué estás buscando?—susurraba intrigado.

La hembra alfa y el macho beta recibieron el mensaje y se retiraron, no sin antes que el macho le partiera el cuello a Udesky, Amanda apartó la vista horrorizada.

Alan se ocultó, suspiró y se asomó nuevamente, el macho que vocalizaba le sorprendió cara a cara, Alan tembló de miedo y tomó distancia... el raptor saltó y le acorraló, otro más hizo acto de presencia y le siseó a Alan... otro más, el beta... y la hembra alfa, le siseó al macho beta como diciendo "¿Este es?" Y el macho dio un siseo afirmativo. Alan gimió de desesperanza.

—Ellie—dijo Alan en un profundo gemido de desdicha... recordó cuando conoció a Ellie y unas lágrimas le corrieron por las mejillas.

—Ellie... te amo y que Dios te bendiga a ti y a tus hijos—dijo por última vez... la hembra dio la orden de atacar y Alan se cubrió... pero un objeto cayó entre ellos, una granada de gas o bomba lacrimógena. Alan se cubrió la boca y la nariz con un paño... Alguien le asió del brazo y lo jaló, un hombrecito cubierto con enredaderas, unos visores y un paño que le tapaba la boca.

—¡Aquí! ¡¿Qué espera?! ¡Pueden volver!—gritó el niño y huyó hacia un camión cisterna.

—¡Espera!—le llamó Alan tosiendo.


Capítulo 16.

Eric Kirby.


El preadolescente abrió la escotilla y se metió, encendió una lámpara... a eso le siguió Alan que no paraba de toser y pasó a llevar la lámpara con la mochila.

—Gracias, gracias Eric—expresó Alan.

—¿Sabe mi nombre?—preguntó el niño.

—Sí, tus padres te están buscando—dijo Alan tratando de respirar.

—¿Juntos?—preguntó Eric.

—Sí, juntos—confirmó Alan.

—Mala señal, no se soportan entre sí—recordó Eric.

—Ni te imaginas las cosas grandiosas que puede hacer la gente, en ciertas situaciones—elevó sus esperanzas Alan. Eric vio que la lámpara de aceite de InGen se apagaba y la cambió por otra, todo se iluminó mucho más.

—¿Es Alan Grant? ¿Qué hace aquí?—le reconoció emocionado.

—Sí, eh... tus padres... bueno, me invitaron—bromeó Alan.

Eric le entregó un tarro de legumbres y una cuchara, Alan se dispuso a comer...

—Leí sus libros, me gustó más el primero, "Detectives de dinosaurios", antes de que fuera a la isla, los dinosaurios me gustaban, por lo menos desde los cinco años—dijo Eric.

—Cuando lo escribí no habían intentado comerme—justificó Alan.

—Cuando InGen salió de aquí dejaron muchas cosas—informó Eric.

—¿Algún arma?—pidió Alan.

—No y esa fue la última granada de gas, la conservé para emergencias—dijo el joven.

—De verdad, no sabes cuánto te lo agradezco—apreció Alan otra vez y recogió una botella con un líquido blanquecino verdoso y putrefacto.

—¡Epa! Cuidado con eso... es pipí de t-rex, ahuyenta a los más chicos, pero atrae al monstruo de la aleta enorme—advirtió Eric comiendo un chocolate.

—¿Es orina de verdad?—preguntó Alan muy incrédulo, Eric asintió—¿Cómo la conseguiste?

—No me quiero ni acordar—rechazó Eric, Alan la regresó a su lugar.

—¿Quiere?—Eric le lanzó un chocolate—gracias—lo recibió Alan.

—Déjame decirte que me impresiona que todavía estés vivo—reconoció Alan.

—¿Dos meses? ¿Ha sido tan poco?—dijo Eric con cierta desilusión, tiempo que para él, sin relojes ni calendarios y sin hablar con nadie, fue como medio año.

—Lo importante es que estás vivo... y gracias a ti, me atrevo a decir que es algo que tenemos en común—elogió Alan—¿leíste el libro de Malcolm?—Eric asintió.

—¿Y?—pidió su opinión Alan.

—Ah... no lo sé mire, no quiero sonar irrespetuoso, pero... era aburrido, porque siempre hablaba de caos, que todo está en caos... y al parecer él juraba que sabía demasiado, mucho más que el resto—acusó Eric, Alan sonrió satisfecho.

—¡Excelente! Ahora ya tenemos dos cosas en común—felicitó el doctor y Eric se echó a reír... un chillido, Eric saltó.

—¿Escuchó eso? Son compis—Eric cerró la escotilla—a veces, suelo dejarla abierta para que entre un poco el aire y se ventile.

Un grupo de Procompsognatus cruzaron a unos metros e iban comiendo moscas, quizá sintieron el olor del cuerpo de Udesky y el raptor.

Cayó la noche. Billy llamaba a Alan sin resultados. Una familia de anquilosaurios devoraban hierba baja... y se encaminaban hacia el río, llevando sus pesadas corazas, osteodermos y colas de martillo, probablemente tenían esa protección porque cumplían un papel fundamental en el sistema ecológico, comían plantas que otros dinosaurios no podían y tenían baja natalidad. Paul y Amanda conversaban en el árbol.

—Pase lo que pase, no es fue tu culpa, Eric siempre ha sido un niño muy fuerte, de pronto llegó un hombre como Ben Heildebrand a su vida y... —Paul excusaba a Amanda.

—¿Y qué?—indagó Amanda.

—Eso... que no fue tu culpa, sino de Ben—dijo Paul.

—No, claro que lo fue, si Eric hubiese estado contigo, nada de esto habría pasado. Nunca excedes el límite de velocidad y yo choqué tres autos en tres años—recapituló Amanda.

—No, no fueron tres, dije que sí porque quería la furgoneta... peor igual tuve que venderla, así que qué más da—liberó Paul.

—Jaja... Paul, lamento que hayas tenido que venir—pidió perdón Amanda.

—Pues yo no—sostuvo Paul y Amanda le sonrió.

Eric dormía a ratos y veía a Alan roncar y susurrar "Ellie... Ellie... Mary". Eric tomó una frazada y cubrió a Alan.

Amaneció...

Eric desayunó legumbres de un tarro y más chocolates y galletas. Alan se despertó y se giró.

—Buenos días—le saludó el jovencito.

—Buenos días—dijo Alan.

—¿Cómo durmió?—le preguntó Eric.

—Creo que bien—respondió el doctor.

—Disculpe... ¿Quién es Ellie?—quiso averiguar Eric.

—¿Por qué?—preguntó Alan.

—Anoche, cuando dormía, repetía ese nombre, Ellie ¿quién es ella?—inquirió Eric curioso.

—Es una muy buena amiga—se limitó a decir Alan.

—¿Está enamorado de ella?—preguntó Eric rascándose la pantorrilla por una picadura de mosquito.

—¿Eh? No... digo... fuimos novios, pero ya ha pasado mucho de eso—negó Grant.

—¿Y por qué no se casaron?—persistió Eric.

—Por muchas cosas, ella quería tener hijos y yo no—reveló Grant.

—¿Y por qué no quería tener hijos?—insistió Eric intrigado.

—Porque era un tonto, por eso... en realidad, creo que... fue porque mi primera esposa no podía tener hijos y sufrió mucho por ese tema, por eso decidimos no hablar más del asunto—explicó Alan Grant.

—¿Se llamaba Mary?—preguntó Eric con agudeza.

—Sí ¿Cómo lo sabes?—se sorprendió el paleontólogo.

—Ese fue el otro nombre que dijo, Mary—justificó Eric.

—Ah... sí—reconoció Alan.

—¿Cómo la conoció?—pidió Eric con amabilidad.

—Ah... es una larga historia. Cuando era joven, me gradué de la Universidad de Alberta, Canadá. Había trabajado con varios ceratópsidos, pero yo quería estudiar raptores y me fui a especializar a la Universidad Estatal de Montana, allí conocí a Mary, Mary Gordon*, ella impartía clases de Geología y paleobotánica en esa universidad. Nos casamos, pero a los años, ella... ella falleció de cáncer, cáncer de útero. Ellie Sattler era una de sus mejores estudiantes y me ayudó mucho... nos hicimos amigos... y dos años después, novios. Trabajábamos en Montana, con un fósil de Deinonychus... y llegó John Hammond con su propuesta de ir a catalogar Parque Jurásico y ya sabes el resto de la historia—concluyó Alan suspirando.

—Ah... yo creo que debe decirle a Ellie que la ama—propuso Eric entusiasta.

—No pequeño, Ellie está casada con otro sujeto y es un buen hombre—denegó Grant.

—Pero doctor... si algún día Ellie estuviera soltera otra vez ¿Acaso no intentaría conquistarla?—sostuvo Eric.

—No lo sé amiguito... tal vez—concedió el doctor Grant. Entonces, juntaron todo lo que necesitaban y salieron del camión.


Capítulo 17.

Los indígenas.


Billy y los Kirby bajaron del árbol y tras tomar agua en un riachuelo, se organizaron.

—Iremos a la costa—fijó Billy.

—¿Y Eric?—preguntó Amanda.

—Eric es muy listo, sabe que debe ir a la costa porque los dinosaurios carnívoros están en el centro de la isla—le animó Paul.

—Sí, así es—confirmó Billy y caminaron.

Eric sacó una garra de raptor.

—Vaya, una garra de raptor, yo tenía una, un fósil—recordó Alan y se la devolvió.

—La mía es nueva—dijo Eric recibiéndola.

—¿Cuánto has explorado de la isla?—preguntó Alan.

—No mucho la verdad... cuando caímos con Ben, nos atacaron unos compis, él murió y corrí y caí por la colina, llegué a la villa y me oculté en el camión... un día caminé hasta la costa, pensando que algún avión de patrullaje me vería, pero se me atravesó un tiranosaurus y tuve que regresar al bosque, me escondí cerca de un brachiosaurus que dormía... se echó un para de gases, casi morí asfixiado... el rex lo espantó y me subí a un árbol, ahí me di cuenta que habían otros animales, un oso perezoso, una mariposa blanca con manchas negras. Así que regresé al complejo pensando que empezarían a buscarme ahí—narró Eric.

—¿Un tiranosaurus en la costa? Eso es muy extraño... tal vez se están quedando sin espacio en esta isla—supuso Grant.

—¿Y eso es bueno o malo?—consultó Eric.

—No lo sé... por un lado bien, en el sentido de que si crece el número de carnívoros y hay un desequilibrio ecológico, los dinosaurios podrían desaparecer, de lo contrario, por fuerza mayor, intentarán colonizar las otras islas y peor todavía, llegar a tierra firme—sacaba deducciones el doctor Grant.

—Ah ya veo—aceptó el jovencito con admiración.

Se toparon con el cadáver de Udesky y el raptor... Alan le detuvo con el brazo y le aconsejó mantener la distancia, revisó los signos vitales de Udesky... sin vida... le dio una patada al raptor... muerto, le examinó, tocó sus filamentos en la nuca.

—¿Son protoplumas?—preguntó Eric a su lado.

—No... ni siquiera se parecen a los cálamos de las plumas, esos son más rígidos, son como cerdas tubulares que me recuerdan más a los pelos de las iguanas... escamas alargadas se llaman—detalló Alan moviéndolas con los dedos.

—¿No será que han ido evolucionando y a medida que tenían hijos, su ADN se fue purificando?—propuso Eric.

—¿Ah? No, no lo creo, esos caracteres heredados no saltan de una generación a otra de forma tan rápida, me inclinaría más en que son el resultado de modificaciones genéticas artificiales, Wu siempre mezclaba el ADN de los dinosaurios con los de otros reptiles y anfibios también, por eso no me extraña que tengan escamas de iguanas—negó Grant.

—Doctor, el río está allá—le indicó el niño y prosiguieron su recorrido. Se detuvieron al borde del cañón, del río. Eric sacó sus binoculares de InGen y enfocó el río, un bote de InGen.

—Doctor, mire esto—le entregó los visores a Grant.

—Sí, es un bote—identificó Alan sonriente y alegre.

—¿Es un bote de salvamento?—preguntó el niño.

—Creo que no, pero flota. Vamos Eric, saldremos de aquí—le animó Grant y se abrazaron con júbilo.

—Doctor ¿Qué es eso de allá?—descubrió Eric, Alan frunció el ceño para ver mejor.

—Creo que es una caverna—dijo Grant. Eric bajó hasta ella.

—¡Eric ten cuidado!—le gritó Alan corriendo tras él. Se adentraron por el borde de un murallón, tratando de no mirar el río cien metros abajo... y entraron a una cueva... caminaron por ella... estaba muy oscura, Eric encendió su lámpara InGen... contemplaron unas pinturas rupestres en unas rocas y luego unas paredes de arcilla.

—¿Qué significan?—exigió Eric.

—Las cinco muertes—entendió Alan... mirando las cinco islas en plano horizontal, como se verían desde la costa o de un bote, los dioses mayas ejecutaban a un mismo guerrero indígena en todas ellas.

—El archipiélago, las cinco islas: Nublar al Este, isla Matanceros al norte, abajo de ella, isla Muerta, isla Sorna, isla Tacano y al sur, la más pequeña, isla Pena—recordó Alan un viejo mapa que vio alguna vez. Siguieron caminando... habían cráneos y huesos desarticulados de hombres, mujeres y niños...

—¿Eran indígenas? ¿Cómo murieron?—preguntó Eric algo asustado.

—No tengo idea—dudó Alan y recogió un hueso falange de un dedo y lo guardó en su mochila.

—¿Por qué lo guardó?—preguntó Eric.

—Para contestar tu pregunta, para estudiarlo y saber quiénes eran—justificó Grant y salieron de la caverna.

En el sendero de la selva, sonó un teléfono, Eric se detuvo.

—Espere ¿escchó eso?—advirtió el jovencito, Alan se quedó quieto.

—¡Es papá!—gritó Eric y salió corriendo.

—¡Oye oye, espera! ¡¿Cómo lo sabes?!—preguntó Alan tratando de seguirle el ritmo.

—¡Pinturas Kirby! ¡Es su canción! ¡Papá!—explicó Eric y siguió trotando.

Vieron un claro, una pradera verde y una cerca de metal.

—Amanda, escucha—le dijo Paul y comenzaron a correr.

—¡Eric!—gritaron y se encontraron en la pradera y se abrazaron entre la red de cuerdas y los barrotes, lloraban de emoción.

—¡Hijo! ¡Estás vivo!—celebró Paul, Amanda besaba a Eric.

—Hola doctor—Billy y Alan se dieron un apretón de manos entre las redes.

—Vimos a Udesky—dijo Alan, Billy asintió en silencio.

—Vaya tiene mi lonchera ¿se la llevo?—ofreció Billy.

—Tranquilo, yo puedo—denegó Alan, Billy apretó los labios incómodo.

—¿Cómo nos encontraste?—preguntó Paul secándose las lágrimas.

—Pinturas Kirby, la canción de tu teléfono—dijo Eric.

—¿Mi teléfono?—preguntó Paul.

—Sí, ese viejo que usas, el de satélite—dijo Eric.

—¿Dónde está?—consultó Amanda revisándole los bolsillos a Paul.

—No, no lo tengo, lo perdí en el avión... y... ay no—recordó Paul palideciendo.

—¡¿Qué?!—demandó Amanda.

—Se lo pasé a Nash. Lo tenía cuando—Paul suspiró con rostro de terror, como si fuera a vomitar. Al otro lado de la cerca, les esperaba aegipticus, jadeando y con sus brazos colgando... emitió un gruñido... el teléfono sonaba en su estómago.

—Corre—le susurró Alan a Eric y corrieron a lo largo de la cerca... Espinosaurus iba tras ellos intentando devorarlos, pero resultando ser lento en comparación a sus presas. Eric salió por una abertura y Alan también, antes de que el hocico del dinosaurio rozara su tobillo. Espinosaurus bramió... todos se abrazaron del otro lado... pero entonces, se lanzó contra la cerca... la movió... no obstante, no consiguió derribarla... todos suspiraron aliviados. El depredador se dio media vuelta y se fue adolorido. Detrás de ellos había un edificio, como un puesto de vigilancia o algo así, caminaron hasta la puerta, cuando de improviso aparecieron los raptores... los héroes huyeron y pateando la puerta del aviario, se ocultaron... patadas, arañazos, siseos y gruñidos se oían tras la puerta, a la cual colocaron todos los pasadores y seguros. Respiraron.

—Doctor Grant. ¿Podría pasarme mi lonchera?—insistió Billy.

—Está segura Billy, no te preocupes—dijo Grant mirando el río por una ventana rota.

—Por favor démela... no es segura—advirtió Billy Brennan, Alan le observó con el ceño muy fruncido y preocupado. Abrió la lonchera negra y al oír el cierre, Billy bajó la mirada muy avergonzado.

—Dios... Billy... ¿en qué demonios estabas pensando?—dijo en voz baja Alan, como un padre muy decepcionado y mirando los huevos de raptor.

—Lo lamento tanto doctor... es que me ofrecieron mucho dinero... cien millones de dólares... pensé que nos servirían para financiar nuestra investigación por una década o más... yo, pensé en Cheryl... yo... perdón—confesó Billy y muchas lágrimas le brotaron por el rostro, casi como un niño que ha hecho algo terrible.

—¡¿Quién?! ¡¿Quién te ofreció dinero?!—exigió Alan indignado.

—Byosin... Lewis Dodgson. Él publicó un anuncio, una oferta por Internet y yo le respondí por correo. Doctor, perdón, lo hice creyendo que era la mejor decisión, con las mejores intenciones—dijo Billy, secándose las lágrimas, Alan levantó la mano para que se callara.

—Con las mejores intenciones... las peores cosas que te puedas imaginar, Billy, fueron hechas con las mejores intenciones... ¿o acaso nunca escuchaste de la radiación nuclear? En lo que a mí respecta, yo creo que eres peor que todos los estúpidos malnacidos que crearon Parque Jurásico—despreció Alan con un gesto de infinito asco, Billy se echó a llorar... y sujetando la lonchera, Alan la dejó suspendida al borde de una ventana rota que daba al río. Amanda besaba a Eric, pero Paul Kirby quedó atento al paleontólogo. Grant suspiró pensativo y sin soltar la lonchera... la retiró de la ventana y la metió dentro de su mochila.

—¡¿Qué está haciendo?! ¡¿Acaso se volvió loco?! ¡Esas cosas nos quieren matar por culpa de esos huevos!—gritó Paul asustado, Amanda les miró.

—Esas cosas... saben que los tenemos, si los tiramos al río, seguirán persiguiéndonos—dijo Alan con serenidad.

—¡Ah claro, perfecto! ¡¿Y si nos encuentran con ellos?!—exigió Paul

—¿Y si nos encuentran sin ellos?—preguntó Alan, Paul enmudeció avergonzado.

—¡Hay un bote allá abajo, en el río, con él llegaremos a la costa!—anunció Alan bajando por una vieja escalera caracol.


Capítulo 18.

El aviario.


Alan lideraba la fila por la escalera... una plataforma... mucha neblina y silencio... no se veía nada. Grant pisó un peldaño viejo y resbaló, Paul lo sujetó y el resto de la escalera vieja cayó por el cañón.

—Vaya... ¿está bien?—le preguntó Paul, Alan asintió y fue por otro lado, cruzó miradas con Billy... Alan pisó la entrada de un viejo puente que rechinó.

—Por favor, si vamos a cruzar, uno a la vez—pidió Alan.

—Solo será un instante ¿Sí?—le dijo Amanda a Eric.

—Mamá... estuve dos meses solo en esta isla, no creo que me pase algo ahora—respondió Eric para calmarla, Paul sonrió. Amanda le dio un beso en la cabeza y cruzó el puente.

Alan vio que las barandas estaban repletas de guano... y tuvo un muy mal presentimiento... tomó un pedazo de guano y lo olió... no tenía aroma, estaba muy seco y quebradizo, como cemento seco... cayó un pedazo de guano seco a sus pies, miro hacia arriba... nada. De entre la neblina, apareció Amanda y llegó hasta donde él.

—¡Ahora Eric, cruza hijo!—le avisó ella, Eric entró en el puente.

—Esto es una jaula, una pajarera gigante—dedujo Alan.

—¿Y para qué?—preguntó Amanda.

Eric agarró la baranda y esta tembló con mucha fuerza.

—¿Mamá?—preguntó Eric atemorizado... nadie respondió... densa neblina... y de pronto... una silueta oscura, similar a la de una bruja de sombrero de punta y muy grande, no más bien parecía una gárgola o demonio alado.

—¡Mamá!—gritó Eric y salió corriendo en dirección contraria donde le esperaba su padre. La gárgola emprendió el vuelo y lo apresó con fuerza de los hombros y le alzó por los aires, llevándoselo por la neblina, Eric gritaba aterrorizado viendo el río a cien metros por debajo de él, Amanda, Alan, Paul y Billy se encontraron en el centro del puente para ver qué pasó.

—¡Eric! ¡Paul, no lo veo, no lo veo!—gritó Amanda desesperada.

El pteranodon botó a Eric en un nido donde chillaban sus crías, el adolescente se paró, tomó un cráneo y se los lanzó, fue dando saltos por columnas volcánicas.

Billy vio el borde de una plataforma hacia el vacío... Alan se detuvo ante él... y Billy se abrochó la correa del parapente y subió corriendo la plataforma.

—¡No, Billy, no lo hagas, por favor! ¡No tienes nada que demostrar, Billy!—Brennan saltó sobre el borde de la plataforma y vio los cien metros abajo... a la muerte... tomó aire.

—¡Billy!—Alan le rozó el tobillo con la mano y Billy saltó al vacío, a los cien metros... a la muerte... Brennan jaló la correa y se abrió la vela del parapente y planeó, planeó como un pájaro grande, como un ave Fénix que se levanta ante la desgracia... "Si muero, moriré como un héroe, no como un tonto. Vinimos a salvar a este niño, entonces lo salvaremos", pensó Billy con una amplia sonrisa y muy alegre, porque se sentía orgulloso de sí mismo y sus padres lo estarían y Alan también.

Paul se quedó parado al borde de un pasillo enjaulado, el río abajo... Amanda y Alan chocaron tras él. Un pteranodon InGen se posó en el borde y les chirrió amenazante, se devolvieron y el pterosaurio se elevó... entonces, se posó más allá y se dejó caer con fuerza, dobló y partió los fierros, cayó en el pasillo y acorraló a los héroes. Chirrió otra vez, Alan se envalentonó y le pateó el pico de dientes aserrados, el lagarto volador se quejó y siguió acorralándolos hasta el precipicio... se partió el soporte inferior... y se descuajó toda la estructura metálica y todos fueron a parar al agua de cinco metros de profundidad... salieron a tomar aire, el pteranodon aleteó y cuando estaba saliendo, la jaula le aplastó y sumergió.

Amanda, Paul y Alan nadaron hasta la orilla.

Eric estaba parado el borde del abismo... Billy venía volando, Eric pateó a otra cría de pteranodon y corrió hasta Billy 

—¡Salta Eric!—gritó Brennan pasando a su lado y Eric saltó y quedó sujeto a su cintura.

Planearon a lo largo del cañón neblinoso... más chirridos y otros sonidos parecidos a graznidos fuertes.

—¡Billy!—advirtió Eric y un pteranodon pasó volando por el lado y casi le atrapó del pie con el pico, falló... otro pteranodon pasó por arriba y les rajó la vela del parapente con las garras de las patas. Billy bajó de altura, a unos diez metros del agua.

—Quieren atacarme ¡salta Eric!—ordenó Billy y lo empujó y el niño atravesó el espejo de agua.

La vela del parapente quedó enganchada de un extremo del roquerío y Billy quedó colgando, tiró de las cuerdas, pero no se movió y entendió que estaba atrapado. Los cuatro pteranodones le rodeaban dando graznidos.

Eric salió del agua y quedó de pie al costado del río, viendo a su salvador presa de esas bestias.

—¡Ahí está! ¡Ahí está! ¡De otro lado del río!—gritó Eric apuntando con el índice al pobre Billy que colgaba como una marioneta.

—No, Amanda sácalo de aquí—ordenó Paul, Amanda lo sujetó.

—Eric vámonos—le pidió su madre.

—¡No, no, mamá se va a morir, tengo que ayudarlo!—reclamó Eric con valentía.

—¡Eric mira, tu papá y el doctor Grant irán a ayudarlo, vamos!—le mostró ella a Grant y Paul que saltaron al agua, a donde estaba Billy.

Brennan luchó por avanzar en el agua de baja profundidad, cuando un pteranodon vino volando y lo atrapó de los hombros y lo elevó por los aires, se le resbaló y Billy cayó nuevamente al agua.

—¡No Billy, Billy!—le llamó Alan avanzando por el agua y extendiéndole la mano.

—¡No, lárguense, sálvense!—dio un alarido Brennan metiéndose al agua... dos pterosaurios aletearon hasta él y le picotearon sin cesar, la sangre brotó por la cabeza y la espalda de Billy ¡Se lo estaban comiendo vivo!

—¡No!—le detuvo Paul a Grant. Billy se perdió por la corriente del río y los reptiles voladores siguieron picoteándolo hasta que desapareció. Grant comenzó a llorar... un gran pteranodon echado sobre unas rocas vio a los otros comiéndose a Brennan y les observó a ellos. El reptil desplegó las alas sobre ellos, venía a una buena velocidad... Paul y Alan corrieron por la orilla y de un piquero, al agua otra vez... pasaron nadando por debajo de la reja y sacaron las cabezas para respirar, miraron hacia atrás... el pteranodon voló hasta ellos y quedó estampado en la reja, metió el pico entre los barrotes y chirrió. Paul y Alan nadaron hasta el bote.

Amanda y Eric empujaron la última puerta de fierro y huyeron... Amanda regresó y la empujó con toda su fuerza para cerrarla... pero quedó abierta.

Arriba del bote, Amanda y Eric tomaron una vara y comenzaron a empujar... llegaron Paul y Alan y subieron a la embarcación. Grant contempló triste el aviario entre la neblina.


Capítulo 19.

Billy tenía razón.


Paul jaló la correa del motor y le encendió... revisó la boca del estanque.

—Hay combustible—agradeció Kirby, todos suspiraron.

Alan se sentó solo a un extremo del bote y se dispuso a llorar... Eric se sentó a su lado, Grant se secó las lágrimas.

—Siento mucho lo de Billy—expresó Eric.

—¿Sabes qué fue lo último que le dije?—preguntó Alan—le dije que... él era peor que todos los estúpidos malnacidos que hicieron Parque Jurásico... no era verdad, él solo era joven, nada más, necesitaba dinero, él quería casarse... y estábamos quebrados y yo... ya no tenía con qué pagarle... fue mi culpa, yo lo arrastré a eso... me lo dijo muchas veces y no quise escucharlo, fue mi culpa—explicó Grant destruido por dentro. Eric abrazó al doctor Grant.

—Creo que hay dos clases de muchachos... los que quieren ser astrónomos y los que quieren ser astronautas. El astrónomo o el paleontólogo, se dedica a estudiar estas cosas maravillosas sin poner en peligro su vida—presentó Alan.

—Aunque nunca vaya al espacio—agregó Eric.

—¡Exacto! Esa es la diferencia entre imaginar y ver, ser capaz de tocar lo que estudias, eso era lo único que Billy siempre quiso—concluyó el doctor Grant.

El bote pasó frente a una pradera verde claro... y muchas manadas de dinosaurios pastoreaban muy tranquilos y serenos, brachiosaurus, estegosaurus, parasaurolophus y coritosaurus.

Paul vio que más allá, una familia de anquilosaurios cruzaban el rió, así que detuvo el bote y les dejó pasar, lo encendió y se maravillaron con el precioso paisaje de la tarde, los brachiosaurus se inclinaron para verlos, eran como dioses o seres mitológicos... bramieron y los tripulantes temblaron de emoción.

—Doctor Grant, Billy tenía razón—concordó Eric.


Capítulo 20.

El río y la noche.


Paul apagó el motor... era su teléfono satelital... frente a ellos, en la orilla, una costa de lodo y montones de excrementos malolientes. Bajaron menos Eric... tomaron aire y buscaron entre las fecas nauseabundas.

—Tengan cuidado, no se pasen las manos por la cara, las fecas de reptil pueden tener salmonella—advirtió Alan. Paul sacó un fémur de Nash, Amanda las gafas de sol de Nash y Alan el teléfono, contestó... una promoción.

De la oscuridad emergió un Ceratosaurus... rojo como la sangre y se inclinó hacia ellos, les olfateó... se apartó y quedó inmóvil, como sin saber qué hacer... cuando un dinosaurio cornudo saltó y le dio un topetazo con la cabeza... el Ceratosaurus cayó más allá... Alan, Paul y Amanda regresaron al bote y huyeron... vieron a la distancia a los dos terópodos peleando, el Carnotaurus usó una de sus patas para derribar al Ceratosaurus y este le clavó el cuerno de su hocico en la pantorrilla.

El silencio reinó otra vez... un relámpago, un trueno, dos truenos y una tormenta... lluvia, mucha lluvia, tibia lluvia tropical. Eric vio a grupos de peces nadar asustados.

—¡Oigan, vengan, miren!—les gritó Eric.

—Peces "Bonitos", Sarda chilensis—identificó Grant.

—¿Por qué huyen de esa forma?—preguntó Eric.

—¡Encienda el motor señor Kirby!—ordenó Alan y previendo que algo malo pasaría, tomó el teléfono y se puso debajo del techo de la cabina. Kirby jalaba de la correa.

—Tiene batería para hacer una llamada, pero ni se le ocurra llamar a la embajada norteamericana, no nos ayudarán—le aconsejó Kirby. Alan marcó el número de Ellie Sattler.

—Hola—dijo una voz fina, de niño.

—Ellie—llamó Alan.

—Hola—repitió el niño con voz tierna.

—¿Charlie? Charlie, dale el teléfono a tu mamá ¿quieres? Dale el teléfono a tu mamá, dile que soy el "Hombre dinosaurio", Charlie escúchame, Charlie—alcanzó a decir Alan un una aleta surgió de las aguas turbulentas y golpeó el bote. Paul cayó y se dio de bruces contra el tanque de bencina, el teléfono satelital voló de la mano de Alan y se fue por un borde de la cubierta.

Otra vez él... sí... el Espinosaurus ¿por qué no estaba dispuesto a cansarse? Derribó la cabina del bote y los tripulantes se metieron dentro de una gran jaula de 3×3, el Espinosaurus trataba de verlos a través de la lluvia.

—¡Busquen armas en las cajas, busquen armas en las cajas!—les instó Grant y voltearon muchas cajas que habían dentro de la jaula, cayó una pistola de bengalas. El combustible salía del tanque y se derramaba en el agua.

Charlie del otro lado del teléfono, miraba el show de Barney el dinosaurio... y enseguida recordó la llamada y le entregó el teléfono a su madre que se despedía de Mark, quien se iba al trabajo. Ellie llamó de vuelta.

Sonó el teléfono.

—¡¿Dónde está el teléfono?!—preguntó Alan y sacó el brazo izquierdo, el dinosaurio agarró la jaula, el bote se inclinó y el teléfono se fue de sus manos... el depredador sacó la jaula del bote, que se inclinó y el teléfono volvió a las manos de Alan.

—¡Ellie, en el río, zona B, en el río!—exclamó Alan antes de que Espinosaurus hundiera la jaula... todo dio vueltas dentro... se abrió la puerta, Paul salió nadando fuera, el gran terópodo metió la mano y arañó a Amanda, Paul sacó la cabeza a la superficie y nadó hasta una grúa en la orilla... escaló por el brazo de fierro... y una vez arriba...

—¡Oye pedazo de imbécil, aquí estoy yo, déjalos en paz!—le gritó al gigantesco animal agitando los brazos, el cazador le bramó, pensando que era una especie de saurópodo o algo así... y al notar que era un hombre, le plantó un cabezazo a la estructura, abriendo el hocico para devorar a Kirby.

Bajo el agua, Alan nadó hasta la pistola de bengalas, emergió del agua y revisó el cargador. Espinosaurus bramó furioso.

—¡Hasta aquí llegaste!—anunció Alan disparando una bengala al cuello de Espinosaurus, el proyectil rebotó y cayó al agua, prendiendo todo el combustible que se había derramado. El atacante se quejó ante la columna de fuego ante él, la esquivó, aún así, se quemó el muslo y gran parte del lomo, quedando muy mal herido. Eric Kirby estaba colgando de la grúa y sin poder resistir más, se soltó y desapareció detrás del dinosaurio... un último bramido y el animal se perdió moribundo en la oscuridad de la selva.

—¡Papá!—gritó Eric hacia la hoguera sobre el agua.

—¡Paul, desgraciado, maldito seas, cómo se te ocurre morirte así!—exclamó Amanda. Paul nadaba muy débil hacia ellos y se puso de pie.

—¡¿De qué hablan?! ¡No pienso irme a ninguna parte!—contestó Paul y su esposa e hijo le abrazaron.


Capítulo 21.

La playa.


Sentados en unas raíces, Paul contaba una anécdota de un viejo día de pesca.

—¿Recuerdan esa vez que fuimos a pescar? El auto entró al agua y se hundió, la grúa trató de sacarlo y también se hundió, el conductor quería darme una paliza jajaja—todos rieron, Amanda le veía admirada y enamorada—extraño pescar.

—¡Señor Kirby!—avisó Alan un poco más allá y se irguieron para caminar.

Iban por un sendero.

—La mujer que llamó, era Ellie ¿Cómo sabe que nos salvará?—preguntó Eric emocionado.

—Su esposo es secretario del ministerio de relaciones exteriores o algo así, espero que eso sirva de algo y si no, estamos perdidos. Le debo mucho a Ellie, lo sabes, aunque nunca se lo dije—explicó Grant.

—Dígaselo—aconsejó Eric... una ola.

—¿Escuchaste eso?—preguntó Alan.

—¡La playa!—gritó el niño y corrieron... sin embargo, fueron interceptados por la manada de raptores.

La hembra alfa dio la orden y los otros cinco hicieron una formación semicircular alrededor de ellos.

—Quieren sus huevos o ya nos habrían asesinado—dijo Alan.

La hembra se acercó a Amanda y la olfateó.

—Ponte detrás de mí—le susurró Paul a su esposa y la raptor le siseó, apartándolo.

—Ella piensa que usted le robó sus huevos—supuso Alan.

—Entonces démelos ya—exigió Amanda, Alan abrió la lonchera de Billy, un raptor vio los huevos a la distancia y emitió una vocalización... todos la repitieron haciendo un gran eco triunfante.

Amanda arrastró las dos huevos por la arena a los pies de la hembra. En eso... Alan encontró la réplica de la cámara de resonancia de Billy y sopló a través de ella... produjo una vocalización. Los raptores quedaron perplejos y muy confundidos.

—No, haga llamada de auxilio—le dijo Paul. Alan emitió un llamado de auxilio o ayuda... el macho beta ordenó matarlos, pero la hembra alfa le corrigió con un grave bramido... sintió un ruido extraño, como de aspas "Los amos", pudo haber pensado, refiriéndose a los humanos, así que les ordenó a sus soldados que se fueran y los raptores acataron. La hembra tomó un huevo con su hocico y se irguió, en seguida el macho beta tomó el otro huevo con su hocico... ambos les miraron por última vez y se retiraron.

Los sobrevivientes se precipitaron hacia la playa... vieron a un hombre de traje con un megáfono gritando "¡Doctor Grant!", todos le gritaron.

—¡No, eso no es una buena idea!—cuando cuatro tanques anfibios salieron del mar y se estacionaron en la arena blanca, 4 pelotones de soldados muy bien armados se formaron a los costados de los tanques.

—¡Ellie llamó a la Marina y al Ejército!—dijo emocionado Eric.

—Dios te bendiga Ellie, Dios te bendiga—agradeció Alan mirando al cielo.

Un helicóptero aterrizó a dónde ellos y subieron.

—¡Doctor Grant! ¡¿Él viene con usted?!—le preguntó el hombre de traje. Alan vio a Billy Brennan muy mal herido y vendado, recostado en una camilla.

—Se salvaron—gimió Billy, Alan asintió sonriente—miren, lo rescaté—Billy le entregó el sombrero.

—Jaja tienes tus prioridades hijo. ¿Cómo escapaste?—le preguntó Alan.

—Pasé nadando por debajo de la reja, el río me botó más allá y llegué cojeando a la costa, me quedé recostado en la playa, hasta que me vieron, les dije que esperaran, que ustedes estaban por llegar—explicó Billy, pues fue gracias a él que esperaron. Alan Grant le abrazó con fuerza.

—Doctor Grant, tenemos que irnos—avisó el jefe de la operación—por favor tome asiento.

Todos tomaron asiento y el helicóptero, voló hacia el portaaviones.

—¡¿Qué rayos son esas cosas?!—exclamó el copiloto. De entre las nubes, aparecieron tres pteranodones aleteando.

—¿A dónde cree usted que vuelen?—preguntó Eric.

—Buscarán nuevos nidos, es un mundo nuevo para ellos—supuso Grant.

—¡Ni de broma se les ocurra ir a Oklahoma!—refunfuñó Amanda, Paul la vio y sonrieron mirándose a los ojos.

—Nos vamos a casa—Paul se acercó y se besaron, Eric se rió y Alan también y se puso su sombrero.El copiloto se acercó a Grant y le entregó un par de auriculares.

—¡Para ti!—le gritó y Alan ajustó el micrófono y tuvo que gritar por el ruido de los rotores.

—¡Este es Grant!—dijo Alan.

—¿Alan?—preguntó Ellie—¡Alan! ¿Estás bien?

—¡Ellie! ¡Sí! Estoy bien—Grant sonreía como un niño.

—No te creo—dijo Ellie—una vez me dijiste que un verdadero paleontólogo no tiene por qué estar en esa isla—remató Ellie entre risas.

—Lo sé—reconoció Alan.

—Entonces, ¿qué estabas haciendo?—preguntó Ellie.

Alan se reclinó y permitió que el sol dorado le bañara con su luz. 

—Evolucionando tal vez, jajaja— miró por la ventana, observando la primitiva belleza de los Pteranodones. Estaban volando hacia el norte, al lado del amanecer. Fue un nuevo amanecer, un nuevo comienzo, y Alan Grant no quiso apartar la mirada. Siguió contemplando, incluso después de que las siluetas aleteantes se disolvieran en la luz brillante.

El lastimado Espinosaurus gemía en el lodo al costado del río... estaba todo quemado... y vio al helicóptero irse... unos pasos cercanos... fuertes... y sin mayor aviso, unas plantas se movieron y apareció Junior, el tiranosaurus bebé, el que ya tenía cuatro años... se acercó al desdichado Espinosaurus, este trató de levantarse para defenderse, pero se desplomó... y como sugiere la naturaleza, Junior no desaprovechó la oportunidad y mordió en el cuello al Espinosaurus, lo zamarreó, le quitó el cuero del cuello y le dio muerte.


Capítulo 22.

White Hirtford.


En tierra firme, el portaaviones se detuvo en una playa y el helicóptero les dejó en el Aeropuerto internacional de Los Ángeles, California. En la salida, miles de personas les esperaban con letreros y mensajes de afecto y cariño "Bienvenidos a la vida", "Bienvenidos a California", "Lo amamos doctor Grant", Eric sonreía mirando por los ventanales, junto con Amanda, Paul, Billy y Alan.

Grant vio a White Hitford tras una mampara llena de guardias, este mostró su credencial y Alan pidió que le dejaran entrar.

—Doctor Grant, no se imagina lo feliz que me siento de saber que está vivo, todos estábamos muy preocupados—saludó White estrechándole la mano.

—Hola White pavo de dos metros jaja—saludó Alan bromista.

—Jaja mucha gente salió a protestar a las calles, cuando supieron que no querían ir a rescatar a Eric, fue un desastre... y cuando se enteraron de que usted lo rescató, se volvieron locos y pidieron que le dieran la medalla del congreso por su valentía. Doctor, de verdad, me alegra verlo sano y salvo—le resumió White, Alan vio a Billy.

—En realidad, fue Billy quien lo salvó, arriesgó su propia vida—reconoció Alan y Billy tragó saliva emocionado y conmovido.

—Me encantaría que todos fueran a mi programa, por favor, vayan, les pagaremos bien, lo juro, cien mil dólares a cada uno—prometió Hitford, Alan miró de reojo a Billy y a los Kirby y se echó a reír.

—Está bien White, iremos—accedieron, White saltó en un pie jubiloso.

La noche siguiente, entraron al plató del estudio de televisión y el público aplaudió y gritó eufórico ante la presencia de los supervivientes.

Mark Degler y Ellie Sattler veían el show de televisión.

—Señor Kirby, cuénteme ¿por qué tuvo que recurrir a medidas tan drásticas?—preguntó Hitford a su invitado.

—Bueno, le pedimos ayuda todo el mundo y nadie nos quiso ayudar, es más, el secretario del ministerio de relaciones exteriores me dijo textualmente "Debe aceptar lo inevitable"—citó Kirby.

Ellie se quedó en blanco y mirando a Mark.

—¿Es verdad lo que dice?—preguntó Ellie incrédula.

—Eh... hasta cierto punto, no recuerdo haberle dicho eso—se defendió Mark.

—¿Tú sabías que Alan estaba perdido con ellos?—prosiguió Ellie.

—No, no, no, en ese momento no, entiendo que secuestraron a Alan después—aclaró Degler.

—Pero... si tú les hubieses ayudado, eso no habría pasado—dedujo Ellie.

—No Ellie, ellos me estaban pidiendo que hiciera algo ilegal—justificó él ansioso.

—Pero... ¿Por qué no me dijiste nada sobre eso? Yo podría haberles ayudado en algo, incluso pude haberle avisado a Alan del peligro, pude haber evitado muchas cosas—supuso Sattler.

—No amor... yo no quise preocuparte, por eso no te dije—persuadió Mark suspirando.

—Yo creo que si hubieses hecho las cosas de una manera diferente, esto no habría pasado—rechazó la doctora Sattler.

—Ellie... las cosas no funcionan así—quiso refutar Mark.

—Ah... ¿y cómo funcionan según tú? Alan pido haber muerto por tu culpa, tu negligencia... me niego a creer que tú no sabias que él fue secuestrado—sospechó Ellie.

—¿Crees que yo planeé todo esto, que yo quería muerto a Grant?—le enfrentó Degler molesto.

—Me cuesta creer que no es así—mantuvo Ellie.

—¿Acaso piensas que estoy celoso de él?—le increpó él.

—¿Y quién no lo estaría?—contestó ella.

—Ah Ellie... por Dios Santo, mejor cierra la boca—le ordenó Mark poniéndose de pie.

—¡Tú cierra la boca!—le gritó Ellie.

—¡¿Crees que estoy celoso de ese viejo decrépito?! Pues sí, porque todo el maldito tiempo hablas de él, nunca dejas de hablar de él, que él es el mejor, que ningún hombre es mejor que él ¡¿y yo qué?! ¡¿Me parto la espalda trabajando para qué?! Ah claro, no importa lo que haga, nunca seré mejor que el maldito de Alan Grant—regañó Mark pateando un juguete para niños en la alfombra.

—Cállate, vas a despertar a los niños—dijo su esposa furiosa.

—¡Vete al diablo Ellie! ¡Vete con tu doctorcito a vivir la vida de muñecas que siempre quisiste! ¡Vayan a buscar sus estúpidas rocas!—le gritó Mark tomando su chaqueta y saliendo.

—¡Oye! ¡¿A dónde diablo vas?!—demandó Ellie parada en la puerta.

—¡A beber algo, déjame en paz!—gritó Mark subiendo a su auto.

Ellie se sentó a llorar en el marco de la puerta... y se quedó allí una media hora... hasta que tomó el teléfono y llamó a Alan.

—Alan, soy yo—dijo ella con la voz quebrada.
—Ellie ¿Cómo estás? ¿Estás bien?—preguntó Grant con cariño.
—No—dijo ella en voz baja y sollozando.
Así se quedaron hablando por el resto de la madrugada, Ellie le contó todo lo ocurrido.
En la mañana, Mark regresó con mucho olor a alcohol... llamó por teléfono a alguien y le entregó una nota a Ellie, entonces, se fue a acostar, ni siquera le habló.
La nota o carta decía así.
"Me cansé de ser la tercera persona en esta relación, en este triángulo. Me cansé de que me sigas comparando con Grant. No quería tomar esta decisión, por los niños, pero creo que divorciarse es lo mejor".
Ellie rompió en llanto y arrugó el papel. Al levantarse, Mark tomó algunas cosas, las subió a su auto y se fue otra vez.
A los dos días de eso, Ellie y Alan concretaron una cita en el centro comercial de la ciudad de Pasadena.
Alan titubeaba con un ramo de rosas oculto en su espalda... Ellie llegó y le saludó de beso en la mejilla. Grant le entregó el ramo y Ellie sonrió.

—Alan... hace tantos años que no me regalabas flores—apreció Ellie abrazándolo.
—Como dije... estoy evolucionando jaja—confirmó él y se echaron a reír. Se sentaron en las sillas de un restorán a esperar un pedido.
—Dime Alan ¿Qué harás ahora? ¿Volverás a esa isla?—preguntó Ellie.
—No lo sé... solo habría una razón de peso para no ir—respondió mirándola a los ojos.
—Alan yo... yo no puedo prometerte nada—dijo Ellie arqueando sus labios en gesto de tristeza.
—Sabes... cuando estuve con el niño, Eric, él me preguntó "Si la doctora Sattler volviera a estar soltera ¿usted no intentaría conquistarla otra vez?"—recordó Alan.
—¿Y qué le dijiste?—pidió ella emocionada.
—Me costó reconocerlo, pero dije que sí—dijo Alan con una amplia sonrisa y Ellie se rió también, ruborizada.
—Pues... lo pensaré, solo por los niños y su padre—dijo ella.

—Sí entiendo, ellos necesitan a su padre. Aunque yo amo a tus hijos Ellie, lo sabes... y también te amo a ti. En un minuto, cuando creí que moriría, solo pensé en ti y en lo mucho que te amaba... siempre lo haré... pase lo que pase. Y como tú bien dijiste, "Puedes pedirme ayuda cuando quieras, lo que sea y cuando sea"—garantizó Grant tomándole la mano, Ellie comenzó a llorar conmovida.
—Bueno... entonces, intentémoslo... una vez más—aceptó Ellie y sentándose más cerca, se besaron, los demás clientes se sonrieron y aplaudieron.
Y sin más detalles, solo hace falta decir, que sí resultó... Alan y Ellie se casaron y Charlie y su hermanito se quedaron con ellos, Mark visitaba a sus hijos de vez en cuando, pero el corazón de Ellie era solo para un hombre: Alan Grant.



Capítulo 23.

MALCOLM VS MASRANI.



Los médicos desahuciaron a John Hammond, este, recostado en su gran cama blanca, le pidió a sus ayudantes, sus nietos Tim y Lex Murphy, que se encargaran de llamar a Ian Malcolm y Alan Grant.
A su mansión, concurrieron ambos científicos, saludaron a Tim y Lex y estos les pidieron que entraran a la habitación.
—Creo que ya es tarde para lamentarse, Ian, Alan—dijo Hammond muy cansado y delgado. Malcolm y Grant se sentaron a su lado.
—Dime John ¿Qué debemos hacer?—le pidió Ian sujetando su mano.
—Tenías razón, siempre tienes la razón. Simon Masrani es el nuevo dueño de InGen, sospecho que él quiere reconstruir Parque Jurásico. Él envió a Henry Wu para hacer experimentos en Sorna, pasando por alto la ley de Guardia Genética. Ustedes no deben permitir que él lo haga. Deben matar a los dinosaurios, a todos—advirtió Hammond con mucha debilidad.
—Pero John... tú no, no querías eso—recordó Malcolm.
—Es lo mejor, tú me dijiste una vez "Está bien que quieras dejar tu nombre en la historia, pero no en las lápidas de otras personas", eso está bien, no quiero que mueran más personas por mi culpa. Busquen la manera de destruir esas islas, bombardéenlas o lo que haga falta, pero no dejen que Masrani alcance su cometido, por favor, prométanme que lo harán—les imploró John con su mano temblorosa, huesuda y arrugada.


—Bien, lo haremos—prometió Ian y abrazó a John, Alan también le abrazó, como en un gesto de despedida, Tim y Lex les abrieron la puerta para salir.
Días después del funeral de John Hammond, un abogado leyó el testamento, frente a Grant, Malcolm, Masrani y Wu.
—Y mi última voluntad, es que reconstruyan Parque Jurásico—concluyó el abogado. Grant y Malcolm observaron boquiabiertos al abogado... miraron de reojo a Simon Masrani y este a su vez, sonrió a Henry Wu sentado un poco más atrás.
Fuera de la sala, Masrani llamó a Grant y a Malcolm.
—Doctores, un placer... soy Simon Masrani, dueño de Masrani Global, tengo un trabajo para ustedes, una asesoría—saludó Masrani con el brazo estirado.
—No me interesa. El señor Hammond nunca quiso reconstruir Parque Jurásico—dijo Grant cortante y con una mirada de desdén.
—¿Me está acusando de que adulteré su testamento de alguna forma?—sugirió Masrani incómodo.
—Usted está cometiendo un grave error, un gravísimo error... igual que el señor Ludlow... y terminará igual que él—dijo Malcolm, ambos doctores se dieron media vuelta y le dejaron con la mano estirada.
Los intentos de los doctores Grant y Malcolm por destruir la fauna de Nublar y Sorna fueron infructíferos, el congreso estadounidense prefirió evitar un conflicto político con el gobierno de Costa Rica, otra vez... y así comenzaron los preparativos para construcción del "Mundo Jurásico", mejor conocido como "Jurassic World".

FIN.

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